Más de 320.000 personas protestan en Francia en el tercer acto de movilizaciones sociales
Más de 320.000 personas se manifiestan en Francia contra la carestía de la vida y la reforma educativa, con 296 detenciones y fuerte despliegue policial.
Más de 320.000 personas se manifestaron este sábado en toda Francia en el tercer acto de las protestas sociales, según el balance oficial de las autoridades. Los organizadores elevan la cifra a unas 500.000 personas. La jornada, convocada por estudiantes, sindicatos y el movimiento de los 'chalecos amarillos', transcurrió en su mayor parte sin incidentes graves, aunque se registraron enfrentamientos con la Policía y 296 detenciones en todo el país.
El origen de la movilización está en el malestar del mundo estudiantil y en la percepción de que el coste de la vida se ha vuelto insostenible para amplios sectores de la población. Las protestas se han ido sucediendo en oleadas, y cada convocatoria ha intentado mantener la presión sobre el Gobierno. Las cifras de asistencia ofrecidas por cada parte reflejan además una pugna de legitimidad: las autoridades y los convocantes manejan datos muy distintos de una misma jornada.
Los estudiantes de secundaria reclaman cambios de fondo en el sistema de acceso a la universidad y en la reforma del bachillerato. Según los sindicatos del sector, el Ejecutivo ha introducido ajustes, pero no ha atendido las demandas centrales, como la derogación del sistema de admisión universitaria Parcoursup. Esa distancia entre concesiones parciales y reivindicaciones de calado es uno de los ejes del conflicto.
A ello se suma un descontento más amplio con las condiciones de la educación pública, la carestía de la vida y la sensación de que los servicios públicos se deterioran. Los testimonios recogidos en las calles apuntan a falta de profesorado, de material y de infraestructuras básicas en los centros escolares, un problema que trasciende a los estudiantes y afecta a las familias.
El despliegue de seguridad fue de gran magnitud, con cerca de 70.000 policías y efectivos movilizados en todo el país. Las autoridades advirtieron de la presencia de grupos radicales en varias ciudades, como Burdeos, Toulouse, Rennes, Lille, Nantes, Marsella o Lyon, y de intentos de causar daños y saqueos al final de las marchas. En París se produjeron cargas policiales y lanzamientos de objetos, y se hallaron armas improvisadas en controles en estaciones y carreteras. El ministro del Interior, Laurent Núñez, ha mantenido una línea de firmeza frente a la violencia.
El pulso entre movilización social y Gobierno se produce en un contexto político delicado. El líder de La Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, ha acusado al Ejecutivo de minimizar las cifras para prolongar el conflicto, y ha vaticinado que el presidente Emmanuel Macron tendrá que ceder o dimitir si la presión se mantiene. Más allá de la retórica, la capacidad de las protestas para sostenerse en el tiempo dependerá de si el Gobierno introduce cambios sustanciales o si el movimiento pierde fuerza tras una nueva ola de manifestaciones.