Qué hay detrás del pulso electoral en Israel y el respaldo de Trump a Netanyahu
Con el 55,4% escrutado, el bloque de Netanyahu lidera con 56 escaños, sin mayoría absoluta. Trump atribuye la remontada a su respaldo.
El bloque derechista y religioso que encabeza Benjamin Netanyahu supera provisionalmente a la coalición opositora en el escrutinio israelí, con 56 escaños frente a 49, cuando se ha computado el 55,4% de las mesas. Ninguna formación alcanza todavía los 61 diputados necesarios para gobernar en solitario, por lo que la formación del próximo ejecutivo dependerá de nuevas negociaciones.
El presidente estadounidense, Donald Trump, ha atribuido el cambio de tendencia a su reciente respaldo público al primer ministro. En un mensaje difundido en sus redes sociales, Trump sostiene que su apoyo evitó una derrota del líder del Likud y permitió una recuperación del bloque conservador. La afirmación no ha sido verificada por fuentes independientes y debe leerse como una valoración política del propio mandatario.
El escrutinio aún no es definitivo. Los datos parciales muestran al bloque de Netanyahu con un 43,8% de los votos, mientras que la coalición de Gadi Eisenkot y los partidos árabes completan el reparto con 49 y 15 escaños respectivamente. Las cifras podrían variar a medida que avance el recuento de los votos restantes.
El contexto es relevante. Netanyahu afronta un escenario en el que la aritmética parlamentaria obliga a construir alianzas complejas. Cualquier pacto de gobierno exigirá acuerdos con formaciones de perfil diverso, lo que tensionará la estabilidad de una eventual coalición.
Las implicaciones van más allá de la política interna israelí. La relación entre Washington y Jerusalén es uno de los ejes de la política de Oriente Próximo, y que un gobierno de Netanyahu se apoye en una mayoría frágil puede influir en la agenda regional, en las negociaciones de seguridad y en el tratamiento de los partidos árabes en el Parlamento.
Por último, la pauta a seguir es la evolución del recuento definitivo y de las consultas que mantendrá el presidente del Estado con los partidos para designar a un candidato a formar gobierno. El desenlace determinará si el supuesto efecto del respaldo estadounidense se traduce en una gobernabilidad sólida o en una coalición de equilibrio precario.