Serbia abate a un atacante que apuñaló a un guarda ante la Embajada de Israel en Belgrado
Un atacante armado con cuchillos herió a un guarda ante la Embajada de Israel en Belgrado y fue abatido. Serbia eleva la alerta antiterrorista al máximo.
Las autoridades serbias han abatido a un hombre armado con dos cuchillos que atacó a un guarda frente a la Embajada de Israel en Belgrado, en un episodio que el Gobierno califica de ataque terrorista. El Ministerio del Interior ha elevado el nivel de alerta antiterrorista al máximo, el nivel rojo, tras el suceso ocurrido poco después de la medianoche del martes.
Según el ministro del Interior, Ivica Dacic, el agresor es un menor de edad cuya identidad aún no se ha confirmado, que habría residido en la localidad de Sabac. Las autoridades sostienen que gritó la expresión religiosa árabe 'Allahu Akbar' antes de atacar a un miembro de la Gendarmería, quien resultó herido en la cara y respondió disparando en defensa propia.
El caso cobra relevancia porque el sospechoso ya estaba bajo vigilancia de los servicios de seguridad. Dacic afirma que era seguidor de Estado Islámico y que en su cuenta de Instagram aparecía con una bandera negra y el símbolo de la organización, lo que apunta a un proceso de radicalización que las fuerzas de seguridad ya habían detectado.
Las implicaciones son varias. Serbia es un país con una posición diplomática compleja, con vínculos tradicionales con Rusia y relaciones pragmáticas con Israel, y cualquier ataque contra una legación israelí tiene una dimensión internacional inmediata. Además, el hecho de que el atacante fuera menor de edad plantea interrogantes sobre los mecanismos de prevención de la radicalización juvenil, tanto en el ámbito escolar como en el digital.
Queda pendiente conocer si el atacante actuó de forma aislada o formaba parte de una red, así como el alcance de la investigación en marcha. Las autoridades han anunciado que ofrecerán más detalles en los próximos días. El episodio se suma a una preocupación creciente en Europa por el terrorismo de baja intensidad protagonizado por individuos jóvenes inspirados por organizaciones yihadistas en internet, un fenómeno que obliga a los Estados a reforzar la vigilancia de las redes sociales y la coordinación entre policía y servicios de inteligencia.