Qué hay detrás del aviso de Iryo sobre los fallos del LZB en la línea Madrid-Sevilla
Iryo había alertado en el Senado de los retrasos en reconectar trenes tras fallos del LZB, antes del accidente de Urda con 69 muertos.
Un directivo de Iryo advirtió hace tres semanas en el Senado de que sus trenes tardan mucho tiempo en reanudar la marcha cuando el sistema LZB se desconecta en la línea Madrid-Sevilla. La advertencia cobra ahora un peso especial tras el accidente de Urda (Toledo), donde al menos 69 personas han perdido la vida.
El miércoles, un fallo en el sistema LZB dejó seis trenes detenidos. Entre ellos había un AVE de Renfe y un Iryo. El AVE retomó la marcha a velocidad normal cuando el centro de mando de Adif se lo indicó, pero chocó con el Iryo, que seguía parado porque no había podido reemprender el servicio.
El consejero delegado de Iryo, Fabrizio Favara, compareció el 5 de octubre ante la comisión del Senado que investiga el estado de la red ferroviaria. Esa comisión se creó tras los accidentes de Adamuz y Gelida, ocurridos en enero. Según su declaración, los maquinistas de la compañía venían comunicando a Adif que, cuando el tren pierde la señal de tierra, reconectarse les lleva bastante tiempo.
Favara explicó que el LZB es un sistema seguro, aunque antiguo. Cada desconexión detiene el tren y obliga a un proceso de reinicio prolongado. Según las normas, es el maquinista quien debe informar al centro de regulación de Adif cuando detecta una incidencia que afecta a la marcha. La conductora del Iryo accidentado hizo precisamente eso.
El caso sitúa en el centro del debate la gestión de la infraestructura por parte de Adif y la coordinación entre operadores. La cuestión de fondo es si las incidencias reiteradas advertidas por las empresas tuvieron una respuesta técnica suficiente. La comisión del Senado tendrá que determinar si existían señales previas que permitieran anticipar el riesgo.
Más allá de este accidente, el episodio reabre el debate sobre la modernización del sistema de señalización en la red de alta velocidad. Un sistema antiguo, aunque seguro en su diseño, plantea preguntas sobre su capacidad de respuesta ante fallos en líneas de tráfico intenso. La investigación oficial y el trabajo parlamentario marcarán en los próximos meses si el sector debe acelerar la sustitución de estas tecnologías.