Qué hay detrás de la subasta de los bienes del Pazo de Meirás y sus primeras ventas
Magna Art Auctions subasta 689 objetos del Pazo de Meirás. Las primeras ventas superan los 2.000 euros en un encargo de la familia Franco.
La subasta de 689 objetos retirados del Pazo de Meirás arrancó este martes en Madrid, con las primeras ventas superando los 2.000 euros. La casa Magna Art Auctions gestiona la venta, que se inició a las 17.00 horas. Entre las piezas vendidas figuran muebles, porcelanas y alfombras.
La venta más cara de la primera hora fue una sopera de porcelana de Compañía de Indias, de la dinastía Qing, que se adjudicó por 2.750 euros. Le siguió una gran pecera de porcelana china, vendida por 2.500 euros tras partir de 150 euros. Un lote de seis sillas de hierro pintado alcanzó los 2.250 euros tras varias pujas por teléfono, en sala y en línea.
El contexto de la subasta es político e histórico. Los bienes proceden de un pazo que estuvo ligado durante décadas al dictador Francisco Franco y a su familia. La subasta responde a un encargo de los herederos, la familia Martínez-Bordiú y Franco, lo que genera debate sobre la gestión del legado material de una figura cuya memoria sigue siendo objeto de controversia pública en España.
Entre los objetos a la venta hay varios retratos del dictador, con precios de salida que van de 80 a 300 euros, así como una fotografía de plata con una dedicatoria manuscrita del rey Juan Carlos I, fechada en 1970. Este tipo de piezas tiene un valor simbólico que va más allá del mercado del arte, y por ello su destino despierta interés institucional y social.
La subasta incluye también obras de mayor valor, como una pintura atribuida al círculo de Luis Tristán con un precio mínimo de 5.000 euros, que aún no se había puesto a la venta en el momento del arranque. Su resultado servirá para medir el apetito del mercado por este conjunto.
De cara al futuro, la venta pone sobre la mesa el debate sobre la titularidad y el tratamiento de los bienes vinculados a la dictadura. Cabe esperar que el balance final de la subasta, así como las reacciones de historiadores y de las instituciones, marquen el alcance real de esta operación en el debate sobre la memoria democrática.