Macron reconoce un «fallo de anticipación» en los disturbios del 17 de octubre y descarta cerrar las redes
Macron admite fallos de Inteligencia en los disturbios del 17 de octubre en Francia y descarta bloquear redes sociales, a meses de las presidenciales.
El presidente francés, Emmanuel Macron, ha admitido un «fallo de anticipación» de los servicios de Inteligencia ante la ola de disturbios y saqueos del 17 de octubre. Según su versión, la violencia fue obra de grupos de extrema izquierda y de delincuentes coordinados. Al mismo tiempo, ha rechazado que el Gobierno prepare un corte de las redes sociales.
Las declaraciones se produjeron en una entrevista con el creador de contenidos Hugo Décrypte. El mandatario reconoció que la movilización ciudadana por el poder adquisitivo fue subestimada: se esperaban unas 250.000 personas y acudieron cerca de medio millón. Además, la policía habría sido superada por una táctica nueva de los Black Blocs y de grupos antifascistas, que atacaron infraestructuras antes del inicio de las marchas.
Macron también atribuyó parte de los incidentes a miles de jóvenes que, mediante aplicaciones de mensajería, coordinaron el saqueo de comercios en París, Lyon y Marsella. Frente a los rumores sobre un «apagón» digital exigido a las operadoras, afirmó que el objetivo no es prohibir las redes, sino obligar a las plataformas a retirar los contenidos ilícitos, en aplicación de la normativa europea de servicios digitales (DSA), con apoyo del sistema policial Pharos.
El caso plantea un debate de fondo sobre el equilibrio entre seguridad y libertades. El Gobierno defiende que algunas convocatorias fueron prohibidas por carecer de respaldo sindical y por buscar, según el Ejecutivo, únicamente el desorden. Los críticos sostienen que estas medidas restringen el derecho de manifestación, aunque el Ejecutivo asegura haber ofrecido recorridos alternativos para proteger a los comerciantes.
La crisis tiene también una dimensión social. Macron expresó su «compasión» por los jóvenes heridos durante las cargas policiales en los bloqueos de institutos, a los que calificó de «fracaso colectivo», y recordó que también resultaron heridos cientos de agentes y personal educativo. Para responder al malestar estudiantil, anunció la sustitución de la plataforma Parcoursup en 2028 por un sistema más transparente, posiblemente con inteligencia artificial, y reivindicó la formación profesional frente a un supuesto derecho universal a la universidad.
En el terreno económico, el presidente atribuyó la pérdida de poder adquisitivo a una inflación importada por la crisis geopolítica y el encarecimiento del combustible. Descartó una rebaja general de los impuestos sobre carburantes, por considerar que beneficiaría sobre todo a las rentas altas y reduciría recursos de las regiones. En su lugar, anunció un acuerdo con Total y otros distribuidores para aplicar descuentos directos en los surtidores desde el 1 de noviembre.
Por último, Macron se refirió al atentado de carácter racista ocurrido en Trappes, que causó un muerto y varios heridos graves. Advirtió de un «racismo ambiental» y de una creciente desinhibición en los discursos de odio, y señaló a la Agrupación Nacional y a otros movimientos de extrema derecha. Rechazó, además, que sus ministros banalicen ese discurso y defendió que el debate político se libre con argumentos. Según recordó, la vigilancia del pluralismo en los medios corresponde a la autoridad audiovisual independiente, Arcom, y no al Ejecutivo.
El pulso se produce a pocos meses de las elecciones presidenciales, en un clima de fuerte tensión social. La capacidad del Gobierno para combinar orden público, respuesta económica y regulación digital será decisiva para medir el apoyo ciudadano en la antesala de la cita electoral.