El Papa ha instado a una Iglesia que no excluya a nadie y que acoge sin prejuicios durante el ángelus de este domingo.
Tras celebrar la fiesta de San Pedro y san Pablo el sábado, el Papa enfatizó la importancia de una Iglesia y una sociedad que no tachen a nadie como "impuro".
En un mundo marcado por la persecución y la discriminación por la fe, el Pontífice destacó a los Santos protomártires romanos y pidió por la paz en lugares como Ucrania, Palestina, Israel, Myanmar y otras zonas en conflicto.
Reflexionando sobre el evangelio del día que narra la curación de la hija de Jairo y de una mujer con hemorragias, Francisco destacó el gesto de contacto físico con Jesús como elemento clave en ambos milagros.
El Papa desafió la idea de una separación entre puros e impuros por parte de Dios, señalando que todos somos sus hijos y que la impureza proviene de un corazón impuro.
Haciendo hincapié en que Dios no se mantiene alejado de las situaciones de sufrimiento y pecado, Francisco invitó a los fieles a reflexionar sobre si etiquetan a las personas en sus vidas diarias.
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