Apple introduce la pantalla táctil en el MacBook Pro tras años de rechazo: claves del cambio
Apple añade pantalla táctil al MacBook Pro, rompiendo su postura histórica. Ternus explica que la clave fue el panel OLED y el rediseño térmico y de bisagra.
Apple ha incorporado por primera vez una pantalla táctil a su MacBook Pro, un giro notable para una compañía que durante años rechazó esa función en sus ordenadores portátiles. Así lo explicó su consejero delegado, John Ternus, quien sostiene que la empresa solo tomó la decisión cuando la función dejó de afectar negativamente al producto.
Según Ternus, la clave fue alcanzar un punto de diseño en el que añadir el panel táctil no implicara un equipo más pesado o más grueso. La llegada de los paneles OLED, a los que el directivo describe como la mejor pantalla que la firma ha montado en un Mac, habría resuelto ese obstáculo técnico sin sacrificar prestaciones.
El contexto es relevante. Steve Jobs y, años después, Phil Schiller defendieron que el Mac era un dispositivo de entrada indirecta, pensado en torno al teclado y el trackpad. Schiller llegó a señalar en 2015 que estirar la mano hacia una pantalla vertical resulta incómodo en un escenario de escritorio, y que el uso prolongado puede causar fatiga. Esa postura marcaba una diferencia clara frente a iOS, diseñado desde el inicio para el tacto.
El cambio de posición, por tanto, no es menor. Implica reconocer que la frontera entre portátil y tableta se ha vuelto menos nítida, y que parte de los usuarios profesionales, como creadores de vídeo o programadores, reclaman interactuar directamente con la pantalla. Greg Joswiak subraya precisamente esa demanda de desarrolladores y creadores de contenido.
Para hacer viable la función, según el responsable de hardware Johny Srouji, la compañía ha rediseñado varios elementos: un panel OLED tándem, silicio personalizado, un sistema térmico que evita que la pantalla se sobrecaliente y una bisagra más estable para que la superficie no vibre al tocarla. La interfaz también incorpora botones más grandes al pulsarlos y una Isla Dinámica similar a la de los iPhone, además de un recubrimiento antirreflectante que disimula las huellas.
Lo que significa este movimiento va más allá de una simple novedad de producto. Apple abandona una tesis histórica sobre la ergonomía del Mac y se alinea con una tendencia de mercado en la que los portátiles híbridos ganan terreno. Queda por ver si los usuarios adoptan el tacto de forma habitual o si la función se mantiene como un complemento al trackpad y al teclado, que siguen siendo el eje del sistema.