Qué hay detrás del cerco hutí a Taiz y el colapso humanitario en Yemen
HRW acusa a los hutíes de posibles crímenes de guerra por el cerco a Taiz, que deja sin alimentos, agua ni medicinas a más de 600.000 personas.
La ciudad yemení de Taiz, la tercera más grande del país, atraviesa una de sus peores crisis humanitarias desde que la organización Human Rights Watch denunció que los hutíes han completado el cerco sobre la urbe. Según la ONG, el bloqueo de la principal ruta de suministro hacia Adén ha dejado a la población sin acceso a alimentos, agua y medicinas, y ha obligado a suspender buena parte de la asistencia humanitaria.
El asedio no es nuevo. Las fuerzas hutíes mantienen sitiada la ciudad desde 2015, en el marco del conflicto que enfrenta a los rebeldes con el Gobierno reconocido internacionalmente. Lo que cambia ahora es la intensidad del bloqueo. En las últimas semanas, el cierre casi total de las carreteras ha provocado una escasez extrema que ha paralizado a las agencias humanitarias y ha encarecido de forma drástica la vida cotidiana.
El combustible ocupa el centro de la emergencia. Su falta ha disparado los costes de transporte y, con ellos, los precios de los productos básicos. Los testimonios recogidos por HRW hablan de verduras cuyo precio se ha duplicado y de un gas para cocinar que ha subido un 400 por ciento. Para una población que ya depende en gran medida de la ayuda externa, estas cifras equivalen a una pérdida de acceso a lo esencial.
Las consecuencias alcanzan también a la salud y al agua. Naciones Unidas alerta de que más de 600.000 personas dependen de la asistencia en Taiz, de que las reservas de harina están casi agotadas y de que la mayoría de los distritos registran niveles de hambre de emergencia. El sistema sanitario, por su parte, se encuentra cerca del colapso: hospitales sin diésel para sus generadores, escasez de oxígeno y anestesia, y pacientes con cáncer, enfermedades renales o crónicas que no pueden llegar a las clínicas.
Desde el punto de vista jurídico, HRW recuerda un matiz relevante. El derecho internacional humanitario no prohíbe el asedio militar en sí, pero sí considera crimen de guerra el uso deliberado del hambre contra la población civil como método de combate. Esa distinción es la que sostiene la acusación de posibles crímenes de guerra y la exigencia de que se abran de forma inmediata las vías esenciales y se garantice el acceso de los trabajadores humanitarios.
El futuro inmediato de Taiz dependerá de si las partes en conflicto aceptan un corredor humanitario estable. Sin esa apertura, la presión internacional sobre los hutíes probablemente aumentará, aunque los antecedentes de la guerra yemení muestran que las denuncias rara vez se traducen en cambios rápidos sobre el terreno. La crisis de Taiz sirve, en cualquier caso, como recordatorio de que el sufrimiento de los civiles sigue siendo el coste más persistente de un conflicto que lleva casi una década sin resolverse.