Qué significa que la Lista Conjunta árabe se ofrezca a pactar para desbancar a Netanyahu
La Lista Conjunta árabe, con 19 escaños junto a Raam, se ofrece a pactar con partidos judíos para desbancar a Netanyahu tras las elecciones israelíes.
La principal fuerza política árabe de Israel, la Lista Conjunta, se ha declarado dispuesta a negociar con formaciones judías para articular una alternativa al Gobierno de Benjamin Netanyahu. Su líder, Yusef Jabarin, lo anunció este miércoles tras unas elecciones en las que el Likud ha resultado la fuerza más votada, pero sin alcanzar la mayoría de 61 escaños en la Knesset.
Según el escrutinio, la Lista Conjunta obtiene 13 escaños y la Lista Árabe Unida (Raam) suma otros seis. En conjunto, las formaciones árabes alcanzan 19 asientos, una cifra histórica que las sitúa como actor decisivo para la formación de cualquier Gobierno.
El contexto es clave. Durante años, los partidos árabes israelíes han quedado al margen de los pactos de gobierno, en parte por la hostilidad de buena parte del espectro político judío y en parte por la propia reticencia de estas formaciones a integrarse en coaliciones. El nuevo escenario abre una posibilidad inédita: que su apoyo sea imprescindible para desalojar a la coalición derechista que lidera Netanyahu.
Jabarin ha planteado la disyuntiva en términos de modelo de país: mantener la exclusión y la supremacía o establecer una colaboración real entre judíos y árabes. Su mensaje busca ampliar el margen de negociación de su bloque y presentarse como garante de un cambio de Gobierno.
Las implicaciones son considerables. Una coalición liderada por el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot necesitaría probablemente el respaldo de estas listas, lo que podría alterar el equilibrio interno de Israel y, previsiblemente, la agenda sobre cuestiones como la seguridad, los derechos civiles de la minoría árabe y la relación con los territorios palestinos. Sin embargo, la viabilidad de estos pactos dependerá de la disposición de los partidos judíos moderados a aceptar apoyos externos o internos de formaciones árabes, un tabú que aún pesa en la política israelí.
De cara al futuro, el resultado marca un punto de inflexión. La capacidad de la minoría árabe para influir en la formación del Gobierno mostrará si el sistema político israelí es capaz de integrar a sus ciudadanos árabes en la toma de decisiones o si, por el contrario, las alianzas seguirán condicionadas por bloques enfrentados. La negociación de las próximas semanas será el primer indicador de hacia dónde se dirige ese equilibrio.