Israel vota en unas legislativas que decidirán la continuidad de Netanyahu tras el 7-O
Israel celebra elecciones legislativas con Netanyahu en juego tras cuatro años de Gobierno marcados por el 7 de octubre. Claves del voto y de sus implicaciones.
Más de 7,3 millones de israelíes están llamados a las urnas en unas elecciones legislativas que pueden poner fin al mandato de Benjamin Netanyahu. El presidente del país, Isaac Herzog, acudió este martes a votar junto a su esposa y pidió una participación elevada, subrayando que los ciudadanos pueden decidir su futuro en una democracia que calificó de «orgullosa y digna».
El contexto es decisivo. Netanyahu lleva cuatro años en el poder, marcados por los ataques del 7 de octubre de 2023, y se juega su continuidad al frente de un Gobierno que muchos analistas describen como el más escorado a la derecha desde la fundación del Estado en 1948. Su principal rival es un bloque heterogéneo de fuerzas políticas encabezado por el antiguo jefe del Ejército Gadi Eisenkot, unido por el objetivo común de desbancarle.
Las declaraciones de los líderes políticos reflejan la intensidad del momento. Aryeh Deri, líder del partido ultraortodoxo Shas, votó en Jerusalén y pidió a sus seguidores que acudieran en masa a las urnas, al presentar la contienda como una defensa del judaísmo y de la autoridad de la Torá. Desde la oposición, Yair Golan, líder de Demócratas, habló de «salvar a Israel» y recordó cuatro años de movilizaciones callejeras que ahora se trasladan a las urnas.
El voto de la comunidad árabe-israelí también aparece como factor clave. Yusef Jabarin, al frente del partido Hadash, habló de una jornada decisiva y expresó la confianza de su electorado en lograr un cambio de Gobierno, al que describió como fascista. Según los medios citados, se espera una alta participación tanto en los bastiones de la izquierda como en el sector árabe, mientras que Deri denunció la llegada de decenas de miles de votantes desde el extranjero.
Las implicaciones van más allá del resultado inmediato. Una victoria de la coalición opositora supondría el fin de la etapa de Netanyahu y un giro en la orientación del Ejecutivo, con efectos sobre la política de seguridad, las relaciones internas entre religiosos y laicos y la posición del país ante sus vecinos. Un resultado ajustado, en cambio, obligaría a negociaciones complejas para formar mayoría, como ha ocurrido en otras convocatorias recientes.
La jornada deja también una pregunta de fondo sobre el futuro del sistema político israelí: si la polarización entre bloques y el peso de los partidos religiosos seguirán marcando la gobernabilidad del país. El recuento y la formación de la nueva coalición determinarán en las próximas semanas si estas elecciones suponen un cambio de rumbo o la consolidación de la etapa actual.