Crónica España.

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Trump desafía el equilibrio global con nuevas tarifas y acciones militares un año después de retomar la presidencia.

Trump desafía el equilibrio global con nuevas tarifas y acciones militares un año después de retomar la presidencia.

MADRID, 19 Ene. — En un giro sorprendente de los acontecimientos globales, el presidente Donald Trump ha reconfigurado las relaciones internacionales un año después de su regreso a la Casa Blanca. Con una estrategia comercial agresiva que incluye aranceles a naciones aliadas históricas, Trump ha comenzado a poner a prueba las bases de la cooperación internacional, afectando significativamente a bloques como la OTAN y reafirmando la supremacía militar de Estados Unidos en regiones como Irán, Venezuela y Yemen.

Al asumir nuevamente la presidencia en 2024, muchos se cuestionaban cómo dirigirá Trump su segundo mandato. Un año después, ha mostrado un enfoque claramente intervencionista que amalgama la fuerza militar con intereses económicos, alineando la política exterior de Estados Unidos en función de sus objetivos económicos y geopolíticos en el hemisferio occidental.

Revisando conceptos históricos, Trump se ha alineado con la doctrina Monroe para adaptarla a las exigencias del siglo XXI. Su propuesta va más allá de proteger los intereses estadounidenses; busca contrarrestar la influencia de potencias como China y Rusia, poniendo la soberanía nacional en primer lugar.

Esta nueva estrategia ha alterado drásticamente las relaciones que Estados Unidos cultivó durante más de un siglo. Europa, en medio de tensiones crecientes con agresiones rusas y las continuas disputas comerciales con China, se encuentra en una posición vulnerable, especialmente con la amenaza de que Washington suavice su apoyo militar a la OTAN.

Trump comenzó su obra con la implementación de aranceles sobre importantes economías a nivel mundial, marcando el inicio de un nuevo capítulo en la diplomacia estadounidense. Su objetivo: corregir el déficit comercial del país. Sin dudar en aplicar impuestos a una amplia gama de sectores, el presidente no dejó fuera a la Unión Europea, China, México y Canadá, a quienes impuso gravámenes en industrias críticas, desde el acero hasta la farmacéutica.

Después del impacto inicial, naciones como la Unión Europea rápidamente tomaron medidas para mitigar las implicaciones de estos aranceles. Desarrollaron una respuesta que incluyó un recargo del 15% en sectores clave, buscando proteger su industria del automóvil, que anteriormente enfrentaba un gravamen del 27,5%.

En este nuevo marco, el único rival que realmente ha confrontado a Trump es el presidente chino, Xi Jinping, quien, tras una respuesta inicial defensiva, ha optado por negociar la eliminación de tarifas en un esfuerzo por rebajar las tensiones. A pesar de las controversias, Trump se muestra optimista sobre los resultados de sus políticas comerciales: "Estamos en camino de convertirnos en la nación más rica y respetada, con inflación controlada y mercados bursátiles en máximos históricos".

Al abordar la política internacional, Trump ha adoptado un enfoque más contundente que en su primer mandato, buscando restaurar la dominación estadounidense a través del uso eficiente del poder duro, tanto a nivel económico como militar. Su estrategia se centra en reforzar la presencia de EE. UU. en el hemisferio norte, impulsando a sus aliados a alinearse con sus intereses, priorizando la estabilidad y la seguridad en todos los ámbitos.

La primera manifestación de esta filosofía se materializó en Yemen, donde lanzó una "acción militar contundente" en respuesta a la insurgencia hutí respaldada por Irán, validando su política exterior desde el primer día de su mandato.

Las tensiones con Irán han escalado, especialmente con el reciente ataque a instalaciones nucleares en respuesta a la intensificación de hostilidades en la región. Trump catalogó estos bombardeos como un "espectacular éxito" que, según sostiene, ha debilitado la capacidad nuclear iraní. Además, el Pentágono no ha cesado sus operaciones contra el Estado Islámico en Siria e Irak, con un conteo notable de ataques durante este año.

El evento más significativo que ha demostrado la determinación de Trump fue la intervención militar en Venezuela a principios de este mes, que culminó con la detención del presidente Nicolás Maduro. Este movimiento reafirmó la voluntad de EE. UU. de usar la fuerza como herramienta de política exterior y amplió las pretensiones de Trump hacia otros países de la región, incluyendo Cuba y México.

Sin embargo, los objetivos expansionistas de la administración Trump no se limitan solamente a adversarios geopolíticos, ya que han comenzado a extender su alcance incluso a naciones aliadas como Dinamarca, con un renovado interés estratégico hacia Groenlandia debido a la creciente competencia de China y Rusia en la región ártica.

Los intentos europeos de mediación frente a la postura de Trump han chocado con su irrenunciable deseo de establecer un control en la isla, lo que ha llevado a las naciones del viejo continente a fortalecer su presencia en esta zona mediante actividades militares coordinadas.

En la reconfiguración del Oriente Próximo, Trump ha dado luz verde a Israel para actuar contra grupos como Hezbolá y Hamás, mientras intentaba presentarse como un broker de paz al forjar un acuerdo de cese al fuego en Gaza, visto por muchos como un mal menor dadas las circunstancias.

Finalmente, el primer año de Trump en su segundo mandato quedará marcado por uncontroversial cambio en la asistencia militar hacia Ucrania, distanciándose de las políticas previas de Biden y buscando un acercamiento con Rusia en un contexto de conflicto que se prolonga desde la invasión de 2022. Las tensiones culminaron en una tensa reunión entre Trump y Zelenski, cuya discusión en público expuso las divisiones que actualmente afectan a la OTAN y el complicado panorama en el que se encuentra Ucrania.

La reciente cumbre de La Haya, donde se logró un compromiso de incremento del gasto en defensa al 5% en la próxima década, refleja menos un consenso y más la presión que Estados Unidos ha impartido a sus aliados europeos. Este año, sin lugar a dudas, redibujará las líneas de la diplomacia americana y su impacto en el equilibrio geopolítico global será objeto de atención futura.