MADRID, 7 de octubre.
La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, ha subrayado hoy la oportunidad que presentan los recientes cambios geopolíticos para transformar al euro en una moneda con mayor influencia global, más allá de su función actual como activo refugio. En un evento celebrado en París, Lagarde destacó la importancia de reforzar las bases del euro para convertir las vulnerabilidades actuales en fortalezas futuras que permitan a la moneda competir con el dominio del dólar estadounidense.
Lagarde afirmó que, si se fortalecen los fundamentos del euro en este momento clave, se puede transformar la apertura de la eurozona en una mayor resiliencia económica. “Trabajando en esta dirección, garantizaremos que el euro se mantenga como un pilar de estabilidad y robustez, incluso ante un panorama internacional más incierto”, declaró.
En lo que respecta a la situación actual, Lagarde explicó que el euro actúa mayormente como un refugio seguro, apreciándose con el aumento de flujos financieros que, en vez de fomentar el crecimiento exportador, tienden a encarecer los productos de la eurozona. Esta condición contrasta con la de Estados Unidos, donde la mayoría de los contratos internacionales se manejan en dólares, lo que favorece a su economía.
Además, la presidenta del BCE mencionó que los mercados de capitales europeos no son lo suficientemente robustos para captar todas las inversiones de refugio. Las deudas soberanas con calificaciones 'AAA' y 'AA' suman solamente 6,6 billones de euros, que representan solo el 20% del mercado de deuda del Tesoro de Estados Unidos, lo que evidencia una brecha significativa en comparación.
Asimismo, Lagarde observó que la capitalización del mercado de valores europeo es inferior a la mitad de la estadounidense, y que la asignación de capital en Europa es menos eficiente, lo que limita su capacidad para atraer inversiones exteriores.
La exministra de Economía francesa instó a los líderes europeos a aprovechar esta transformación en el ámbito económico y geopolítico para reposicionar al euro. Según Lagarde, es crucial que los flujos de inversión que buscan estabilidad se traduzcan en crecimiento y desarrollo para fortalecer el papel de la moneda europea como símbolo de estabilidad, creando así un ciclo beneficioso.
Para lograr estos objetivos, Lagarde enfatizó la necesidad de completar el mercado único y avanzar hacia la unión de los mercados de capitales. También hizo un llamado a la armonización de legislaciones y políticas fiscales, así como a abordar los altos costes energéticos y a aumentar la productividad mediante la financiación de proyectos de deuda compartida.
Por último, Lagarde instó a los gobiernos de la Unión Europea a adoptar decisiones mediante mayoría cualificada en lugar de la unanimidad actual, para evitar que un único veto impida el avance en el interés colectivo de los demás 26 estados miembros.
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