«El niño», de Mariano Barroso, aborda el duelo colectivo a partir de la tragedia de Ortuella
«El niño», de Mariano Barroso, llega a cines el 13 de noviembre. Basada en la tragedia de Ortuella (1980), con 50 niños muertos, explora el duelo colectivo.
La película «El niño», dirigida por Mariano Barroso, llega a los cines españoles el viernes 13 de noviembre, dos semanas antes de su estreno en Netflix. Belén Cuesta y Karra Elejalde encabezan el reparto, que adapta la novela homónima de Fernando Aramburu.
La obra parte de un suceso real: la explosión de gas en el colegio de Ortuella, en Vizcaya, en octubre de 1980, que causó la muerte de 50 niños y tres adultos. Aramburu utiliza personajes ficticios para acercarse al dolor de las familias, un enfoque similar al que empleó en «Patria» para tratar las consecuencias del terrorismo de ETA.
Según los protagonistas y el director, el sentimiento de pérdida colectiva vuelve a estar presente tras la tragedia ferroviaria de Urda (Toledo). Elejalde, que interpreta a Nicasio, abuelo de uno de los menores fallecidos, sostiene que el dolor depende de la proximidad: «Cada día en Gaza mueren niños y mujeres... pero casi como que te acostumbras, ¿no?». El actor defiende además que «cada ser humano tiene derecho a llevar el duelo como sea» y que «hay muchas maneras de gestionarlo».
Belén Cuesta, que interpreta a Mariaje, madre de una de las víctimas, señala que el guion, pese a partir de una tragedia, retrata la vida. Afirma que «el duelo es algo muy personal», aunque el ser humano «tiende, afortunadamente, a sobrevivir y cada uno encuentra una manera». Elejalde, por su parte, considera que perder a un hijo es lo más difícil para un padre o una madre, porque no sigue el curso «normal» de la vida.
Mariano Barroso destaca que el rasgo diferencial de la película es que «parte de un hecho real colectivo», que afecta a toda una comarca y genera mayor empatía que las historias sobre un niño enfermo en un hospital. Según el director, los personajes encuentran «un camino muy luminoso» cuando se acompañan y el menor «sigue vivo en ellos».