El líder de los Ingenieros Industriales califica el accidente de Adamuz como un caso de gran complejidad.
El reciente incidente en el que un tren Iryo descarriló el domingo, provocando la colisión con otro tren en una vía contigua, ha sido calificado por César Franco, presidente del Consejo General de Ingenieros Industriales, como un caso "sumamente complicado". Este accidente no solo implica un descarrilamiento, sino que también engloba una invasión de vía y una colisión, lo que intensifica la gravedad del suceso.
Franco explica que, para abordar este caso desde un punto de vista técnico, es crucial evaluar dos categorías principales de hipótesis: las relacionadas con la infraestructura, como desvíos y elementos de vía, y con el material rodante, como ejes y frenos. Sin embargo, señala que es prematuro emitir juicios sin un informe técnico oficial que arroje luz sobre la situación.
Los hechos conocidos apuntan a que un tren de alta velocidad de Iryo que realizaba el trayecto entre Málaga y Madrid sufrió un descarrilamiento parcial en Adamuz, coincidiendo con la presencia de un tren Alvia de Renfe en la vía adyacente, lo que resultó en una colisión a gran velocidad. Franco sostiene que, aunque el incidente ocurrió en una recta de vía renovada, la naturaleza del accidente no elimina los riesgos asociados a tramos críticos, como los desvíos. Estos puntos son fundamentales en el análisis debido a la complejidad de la interacción entre ruedas y rieles.
El ingeniero recalca la importancia de determinar las causas del accidente, que hasta ahora ha resultado en al menos 39 muertes. Es necesario discernir qué salió mal y por qué las barreras de seguridad no lograron prevenir la catástrofe que llevó a la colisión. Ante la pregunta sobre el posible impacto de las condiciones climáticas, Franco ha indicado que no se han reportado fenómenos meteorológicos extremos en ese momento que pudieran ser considerados como la causa principal del descarrilamiento.
A pesar de esto, advierte que en ingeniería de seguridad no se debe descartar ninguna hipótesis sin pruebas concretas. Factores como lluvias intensas o problemas de drenaje podrían comprometer la estabilidad de la vía, pero estos requerirían confirmación mediante inspecciones físicas y análisis históricos en lugar de suposiciones.
Franco también ha mencionado que, a menudo, los accidentes graves son el resultado de una cadena de eventos: un falló inicial, un contexto adverso y una barrera que no respondió a tiempo. Para una evaluación completa, es necesario considerar tres aspectos: la infraestructura del tren, su estado técnico y las decisiones operativas tomadas durante el incidente.
Sobre el tema de la velocidad, ha explicado que, según los reportes iniciales, no existen indicios que sugieran un exceso de velocidad que pudiera haber causado el descarrilamiento, ya que las velocidades estaban por debajo de los 210 km/h. Sin embargo, Franco considera que el debate sobre limitar la velocidad a 250 km/h en tramos con problemas detectables es válido como medida preventiva para reducir el impacto de eventuales fallos.
En contraposición, el ingeniero subraya que aumentar la velocidad de los trenes a 350 km/h podría ser factible, pero requeriría estándares de infraestructura y mantenimiento excepcionales, así como un control riguroso de las condiciones críticas que podrían afectar la estabilidad del trayecto.
Francisco Badea, investigador en el campo de la ingeniería ferroviaria, ha planteado cinco escenarios técnicos que podrían haber contribuido al accidente: inestabilidad dinámica, defectos en la vía, fallos mecánicos en componentes clave, desprendimiento de elementos del bastidor y efectos aerodinámicos extremos. Según él, determinar las causas de un accidente de esta magnitud es una tarea complicada debido a la falta de información precisa y podría requerir semanas o meses hasta que la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios presente sus conclusiones.
Badea advierte que se trata de un evento extremadamente raro que implica la convergencia de múltiples factores en circunstancias específicas. Además, destaca que la naturaleza del accidente en un tramo recto sugiere que es poco probable que la causa sea un error humano, ya que los trenes de alta velocidad están equipados con avanzados sistemas de seguridad que continuamente corrigen desviaciones, lo que hace que un descarrilamiento en estas condiciones sea casi imposible sin una intervención significativa de factores externos o técnicos.
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