En un tono humorístico, el arzobispo Cristóbal López Romero ha declarado que para desear ser Papa hay que estar "un poco loco" o "enfermo mental", durante una reciente entrevista donde reflexionó sobre la elección del nuevo pontífice tras el fallecimiento de Francisco.
Este salesiano, originario de Vélez-Rubio (Almería), ocupa actualmente el cargo de arzobispo en Rabat, Marruecos. A medida que se aproxima el Cónclave de este 7 de mayo, se ha convertido en una figura de relevancia entre los candidatos, aunque él mismo ha dejado claro que no tiene intenciones de asumir la máxima autoridad de la Iglesia Católica.
Con 72 años, López Romero ingresó a la congregación salesiana en 1964 y ha dedicado su vida al servicio religioso. A lo largo de su trayectoria, ha obtenido una sólida formación académica, que incluye una licenciatura en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona, además de una vasta experiencia en el ámbito pastoral en distintos países, desde España hasta Paraguay.
Su carrera ha abarcado múltiples roles, desde trabajar con comunidades marginadas en Barcelona hasta desempeñarse como delegado provincial en Paraguay. Su compromiso con la labor pastoral lo llevó a Marruecos en 2003, donde fue director de una comunidad y desarrolló actividades en el ámbito educativo hasta que regresó a América Latina como líder de la provincia salesiana de Bolivia.
A partir de 2014, volvió a España y fue designado arzobispo de Rabat en 2017, cargo en el cual fue ordenado obispo en 2018. Con un lema que refleja su enfoque de servicio a la comunidad católica, recibió la consagración episcopal en una ceremonia destacada en la Catedral de San Pedro en Rabat.
López Romero tuvo el privilegio de recibir al Papa Francisco durante su viaje a Marruecos en marzo de 2019, un acontecimiento significativo para la Iglesia y el diálogo interreligioso. En 2019, Francisco también lo nombró cardenal, subrayando su compromiso con la interacción entre culturas y su comprensión del mundo islámico.
A pesar de las expectativas externas, el arzobispo es claro en su rechazo a ser considerado para el papado. En una entrevista reciente, enfatizó que el cargo de Obispo de Roma es sobrepasante para cualquier persona, sugiriendo que aquellos que aspiran a él pueden no estar en su sano juicio o tener otras motivaciones. Sin embargo, también reconoció que si la Iglesia lo solicitara, podría verse obligado a considerar la oferta.
Su notable sentido del humor ha salido a relucir durante estas reflexiones, recordando el comentario de otro cardenal sobre las aspiraciones al papado, que dejó a más de uno con una sonrisa. A la hora de considerar la idoneidad por edad del nuevo pontífice, López Romero sugirió que se debería optar por un candidato en sus sesenta o setenta años, reafirmando que no se ve en esa posición.
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