En un sombrío balance emitido este sábado, las autoridades filipinas han confirmado que el tifón 'Kalmaegi' ha dejado más de 200 muertos desde su paso devastador por el archipiélago. Ante la magnitud de las inundaciones y daños causados, el gobierno declaró esta semana el estado de calamidad, una medida urgente para facilitar la asistencia y recuperación.
El Consejo Nacional de Gestión y Reducción del Riesgo de Desastres (NDRRMC) ha reportado un total de 204 decesos, con la mayoría de las víctimas concentradas en la isla de Cebú, en la región de las Bisayas Centrales. Esta tragedia ha ocasionado una gran conmoción en la población, mientras los equipos de rescate siguen luchando contra el tiempo para localizar a las centenas de personas que aún permanecen desaparecidas, muchas de ellas también en Cebú.
Las cifras de víctimas podrían no ser definitivas, ya que el proceso de identificación de cuerpos y las operaciones de búsqueda siguen en marcha, generando incertidumbre sobre el verdadero alcance de la tragedia. Según informes de la cadena de televisión ABS-CBN, es posible que se encuentren más afectados conforme avancen las tareas de recuperación.
El impacto del tifón se ha hecho sentir además en la infraestructura del país, dejando a cerca de 1.4 millones de hogares sin electricidad. Esta situación ha afectado directamente a aproximadamente siete millones de personas, como han señalado las estimaciones del Departamento de Energía filipino.
La calamidad generada por 'Kalmaegi' no ha sido el único desafío que enfrenta Filipinas. El país se alista para la llegada de un nuevo tifón, llamado 'Fung-Wong', que podría alcanzar vientos sostenidos de 140 kilómetros por hora. Las previsiones indican que esta nueva tormenta podría impactar a alrededor de 8.4 millones de personas, con una atención particular hacia las zonas costeras, donde se estima que residen cerca de 5.7 millones de habitantes, según datos del gobierno nacional.
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