En un giro significativo de los acontecimientos, las autoridades egipcias han decidido levantar la prohibición de viaje que pesaba sobre Alaa Abdelfatá, un activista egipcio-británico que ha estado en prisión durante casi diez años. Abdelfatá, conocido por su prominente rol en la revuelta que llevó al derrocamiento de Hosni Mubarak en 2011, ha sido un símbolo de la lucha por la liberación en la región.
El abogado de Abdelfatá, Jaled Alí, compartió en su cuenta de X la noticia de que el nombre del activista ya no figura en las listas de restricción de viaje, lo que marca un paso importante en su difícil trayectoria.
El mes pasado, Abdelfatá intentó volar de El Cairo a Londres, donde reside su familia, pero las autoridades egipcias se lo impidieron a pesar de su ciudadanía británica, que Egipto no reconoce para quienes tienen doble nacionalidad.
La decisión de liberar a Abdelfatá llegó tras el perdón otorgado por el presidente Abdelfatá al Sisi, quien actuó a petición del Consejo Nacional para los Derechos Humanos. Junto a Abdelfatá, otros cinco activistas también fueron excarcelados, lo que indica un movimiento más amplio en el contexto de la represión de la oposición en Egipto.
A lo largo de los últimos años, Abdelfatá ha enfrentado una dura realidad en prisión, marcada por críticas a las autoridades egipcias y la ausencia de visitas consulares. Su familia, preocupada por su situación, ha denunciado estas condiciones, llevando a cabo huelgas de hambre tanto él como su madre para exigir atención a su caso.
Abdelfatá fue arrestado en 2014 tras participar en una protesta no autorizada y por supuesta agresión a un policía. Aunque fue liberado brevemente en 2019, su detención fue apenas un capítulo en una prolongada historia de represión a activistas en Egipto, donde se intensificó la campaña contra aquellos que se oponían al Gobierno.
Condenado a cinco años de prisión, Abdelfatá debería haber sido liberado en septiembre de 2024, aunque las autoridades no contabilizaron el tiempo que pasó detenido antes de su juicio, una práctica que ha generado críticas tanto dentro como fuera del país.
Abdelfatá al Sisi ha gobernado Egipto desde que tomó el poder tras un golpe de Estado en 2013, desencadenado por movilizaciones masivas contra el entonces presidente Mohamed Mursi. Desde entonces, ha mantenido una fuerte postura contra cualquier forma de disidencia, implementando una dura represión que ha dejado a muchos opositores en la cárcel.
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