Laura Fernández, del partido oficialista, asume la presidencia de Costa Rica en la primera ronda electoral.
En un giro notable del panorama político, Laura Fernández, candidata del Partido Pueblo Soberano (PPSO), ha logrado un contundente triunfo en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Costa Rica, obteniendo el 48,51% de los votos. Este resultado le permite evitar una segunda vuelta, señalando un claro respaldo a su visión para el país.
La participación electoral ha sido significativa, con un 69,93% de los ciudadanos ejerciendo su derecho al voto, según los datos preliminares del Tribunal Superior Electoral. Este porcentaje se traduce en una notable reducción de la abstención, que ha alcanzado un mínimo histórico en dos décadas, situándose en el 30,07%.
Tras conocer los resultados, Álvaro Ramos, su principal rival del Partido Liberación Nacional (PLN), ha reconocido su derrota y le ha deseado publicamente que "Dios le dé sabiduría para gobernar". En una declaración ante sus seguidores, Ramos enfatizó que respaldarán a Fernández cuando sus decisiones sean beneficiosas para la nación, abriendo la puerta a una cooperación constructiva, pero también a una oposición cuando sea necesario.
Fernández, quien previamente se desempeñó en el gabinete del actual presidente Rodrigo Chaves, ha afirmado su compromiso de mantener y expandir las políticas del gobierno saliente. Sus competidores más cercanos, Claudia Dobles de la Coalición Agenda Ciudadana y Ariel Robles del Frente Amplio, lograron menos del 5% de los votos, y también expresaron buenos deseos a la presidenta electa, comprometiéndose a ejercer una oposición que promueva la defensa de la democracia.
La jornada electoral, atestiguada por un equipo de observadores de la OEA, fue considerada intensa y enfrentada, con un ambiente político marcado por discusiones fuertes y desacuerdos. La presidenta del TSE, Eugenia Zamora, rechazó los intentos de deslegitimar el proceso electoral, argumentando que la confianza del pueblo en sus instituciones sigue siendo sólida.
Zamora instó a aceptar los resultados con respeto y a mantener un espíritu crítico hacia los gobernantes sin caer en divisiones sociales. Su mensaje fue claro: el poder político es un servicio a la nación y no debe convertirse en un campo de confrontación. En este nuevo capítulo, el liderazgo de Laura Fernández queda bajo el escrutinio del pueblo y la historia, llamando a una mayor responsabilidad en la gestión política.
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