Crónica España.

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Ingenieros proponen balance entre evaluación de daños y promoción de la regeneración natural tras incendios.

Ingenieros proponen balance entre evaluación de daños y promoción de la regeneración natural tras incendios.

MADRID, 25 de agosto.

En respuesta a los devastadores incendios forestales que han azotado diversas regiones, el Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales ha presentado un conjunto de directrices orientadas a la recuperación de terrenos afectados. Estas recomendaciones incluyen una evaluación exhaustiva de los daños y sugerencias para promover la regeneración natural de los ecosistemas.

La situación es crítica, ya que los efectos de un incendio no se limitan a las llamas. Con la extinción del fuego, las comunidades comienzan a enfrentar la realidad de los daños: las pérdidas materiales son solo el comienzo y muchas localidades se encuentran ahora sin servicios básicos como agua, electricidad o comunicación.

Desde la perspectiva de la conservación forestal, es vital proceder a restaurar las vías de acceso a las áreas quemadas. Esto implica limpiar y reparar caminos y carreteras que han sido severamente afectados por la caída de árboles, la acumulación de escombros o las operaciones de extinción. También es imprescindible revisar y, en algunos casos, reemplazar las estructuras de drenaje deterioradas por el fuego o las tareas de limpieza, así como asegurar la funcionalidad de las fuentes de agua y otras infraestructuras críticas.

Los expertos advierten que la llegada de las lluvias puede complicar aún más la situación. Las lluvias, combinadas con la pérdida de vegetación, aumentan la erosión y el arrastre de materiales, lo que lleva a otros problemas como la contaminación de reservas de agua y el riesgo de inundaciones en las zonas cercanas.

Por lo tanto, en el primer año tras el suceso, es crucial llevar a cabo una evaluación minuciosa de los daños y de la capacidad de la zona para regenerarse de manera natural. Utilizando tecnología moderna como imágenes satelitales y sensores aéreos, se puede determinar con mayor precisión el enfoque de intervención necesario.

Es importante resaltar que muchas especies de la flora mediterránea, como las encinas y los pinos, tienen la capacidad de resurgir después de un incendio. Interferir en estos procesos naturales sin un análisis adecuado puede resultar perjudicial para la recuperación del ecosistema.

Uno de los efectos más perjudiciales de los incendios es, sin duda, la erosión del suelo. Este recurso imprescindible no solo sustenta la biodiversidad, sino que también influye en la calidad del agua y en la producción agrícola. La pérdida de la vegetación expone el suelo a la erosión, aumentando la escorrentía y acelerando la pérdida de nutrientes, lo que a largo plazo puede comprometer la productividad del terreno.

Las primeras lluvias post-incendio pueden agravar la situación, duplicando o triplicando el arrastre de sedimentos, lo que pone en riesgo tanto la infraestructura hidráulica como la estabilidad de las zonas aledañas. Proteger el suelo durante el primer año, sostienen los técnicos, no solo es más efectivo, sino también más económico que intentar recuperarlo después.

Entre las iniciativas recomendadas figuran métodos como el 'mulching', que consiste en cubrir el terreno con material vegetal para conservar la humedad y mitigar el impacto de las lluvias. Asimismo, se sugiere la construcción de barreras físicas que ayuden a ralentizar la escorrentía, así como el uso de mantas orgánicas que faciliten la germinación y estabilicen el suelo.

Respecto al manejo de la madera quemada, los especialistas han señalado su potencial para ayudar a preservar el suelo, mantener la humedad y crear hábitats. Sin embargo, también advierten sobre el riesgo de que los árboles dañados generen plagas que afecten a la vegetación sana. Cada caso de incendio exige un análisis particular para encontrar el equilibrio adecuado en la gestión de los árboles afectados.

En términos de restauración a largo plazo, el objetivo va más allá de simplemente plantar árboles. Se trata de diseñar un futuro sostenible para los bosques, teniendo en cuenta su capacidad para adaptarse al cambio climático y a futuros incendios. Definir el propósito del terreno restaurado, ya sea para conservación, aprovechamiento sostenible o uso recreativo, es fundamental para orientar las intervenciones adecuadas.

Además, es crucial priorizar especies que sean resilientes a las futuras condiciones climáticas y fomentar una diversidad genética que ayude a las especies a adaptarse a plagas y eventos climáticos extremos. Crear ecosistemas heterogéneos incrementa la resistencia ante el fuego y enriquece la biodiversidad.

Por último, es esencial que las acciones de restauración incluyan una planificación cuidadosa de las infraestructuras preventivas, como redes de defensa y seguridad, así como la mejora de los accesos para facilitar la intervención en caso de futuros incendios.

No menos relevante es el impacto social de los incendios en las comunidades locales, que se ven amenazadas en sus modos de vida. Dado que la mayoría de los montes en España son de propiedad privada, se hace imperativo involucrar a los propietarios, asociaciones y administraciones en el proceso de restauración, reclaman desde el Colegio. Asimismo, es vital que las Administraciones se comprometan a incrementar su inversión en estas iniciativas, transformando el reto de la recuperación en una oportunidad para el desarrollo local y la cohesión social.