VALLADOLID, 27 de noviembre. La Junta de Castilla y León ha tomado una medida significativa en su último Consejo de Gobierno, declarando a la Tuna como un Bien de Interés Cultural inmaterial. Esta decisión busca resguardar y promover una tradición que se ha mantenido viva en las ciudades universitarias de la región.
El consejero de Economía y Hacienda, Carlos Fernández Carriedo, enfatizó que la importancia de la Tuna en Castilla y León es notable, ya que esta comunidad es la cuna de varias de las universidades más antiguas de España, donde esta forma de expresión estudiantil ha florecido a lo largo de los siglos.
Historias de ciudades emblemáticas como Palencia, Salamanca y Valladolid revelan que desde los inicios de sus estudios superiores, los estudiantes cantaban en búsqueda de alimento o donaciones, estableciendo así las bases de lo que conocemos hoy como la Tuna universitaria.
La Tuna cuenta con una rica historia que se remonta al Siglo de Oro y el Barroco, momentos en los que ya existían referencias literarias que describen a los estudiantes músicos errantes. Además, el término "tuno" tiene raíces etimológicas que se remontan al siglo XVII.
Durante el siglo XIX, la Tuna casi desapareció del ámbito universitario, pero el Romantismo dio pie a su resurgimiento, transformándose y organizándose en estudiantinas que participaban en festividades como el carnaval.
En las décadas de 1960 y 1970, coincidiendo con la apertura de España al turismo, las tunas alcanzaron un reconocimiento internacional como un símbolo pintoresco del folklore estudiantil español, atrayendo la atención de visitantes y medios.
Las décadas de 1980 y 1990 marcaron un cambio significativo con la incorporación de mujeres a este fenómeno, dando lugar a las primeras tunas femeninas. En la actualidad, en España coexisten numerosas tunas de diferentes géneros, incluyendo mixtas.
La Tuna se caracteriza por su formato de rondalla o estudiantina, donde predominan instrumentos de cuerda como la bandurria y el laúd español que, junto con la guitarra, conforman la base rítmica. La diversión se complementa con el sonido de la pandereta.
En su repertorio, las tunas ofrecen una variedad musical que abarca desde habaneras hasta pasodobles y rancheras, adaptando incluso música contemporánea a su estilo tradicional.
Uno de los aspectos más destacados de la Tuna es su indumentaria, que evoca épocas pasadas. El emblemático traje de tuno se inspira en la estética de los Siglos de Oro, con la capa negra que ostenta los escudos de las universidades visitadas y cintas de colores otorgadas por admiradores.
Un elemento distintivo adicional es la beca, una banda que cruza el pecho y su color identifica a la facultad de origen, lo que enriquece la tradición e historia que cada tuno representa.
El vínculo de la Tuna con Castilla y León es fuerte, dado que esta región alberga instituciones académicas históricas como la Universidad de Palencia, la de Salamanca y la de Valladolid, cuya tradición se ha arraigado con el tiempo.
Actualmente, las tunas universitarias han proliferado en todas las provincias de Castilla y León, creando un vibrante mosaico del folklore estudiantil. Se estima que existen entre 20 y 30 tunas activas en la comunidad, incluyendo tunas masculinas, femeninas y formas creativas como las 'cuarentunas', compuestas por antiguos tunos.
La Tuna se erige como una tradición dinámica, intrínsecamente ligada al día a día de las ciudades universitarias, ofreciendo una rica herencia cultural que fomenta el compañerismo y la inclusión entre sus miembros, consolidando así la cohesión dentro de la comunidad universitaria.
Con su inclusión en la Ley de Patrimonio Cultural de Castilla y León, la Tuna se reconoce como un bien inmaterial que contribuye a la socialización colectiva y a la identidad cultural de la región.
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