Crónica España.

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Conflicto Malí-Argelia genera nuevas tensiones en el Sahel.

Conflicto Malí-Argelia genera nuevas tensiones en el Sahel.

La creciente tensión entre Argelia y Malí ha alcanzado un punto crítico tras la reciente caída de un dron maliense a manos del ejército argelino. Aunque no se prevé un conflicto militar, los analistas advierten que la desconfianza entre estos países vecinos complicará la resolución de sus diferencias en el convulso contexto del Sahel.

Pese a ser tradicionalmente socios, las relaciones entre Argel y Bamako se han deteriorado notablemente en los últimos meses. La reciente intervención militar, que resultó en el derribo del dron, ha marcado un antes y un después, intensificando las quejas mutuas, especialmente desde Malí, que acusa a Argelia de ignorar la presencia de grupos yihadistas y separatistas tuareg en su territorio.

En Argel, el interés se centra en el comportamiento del ejército maliense y de los mercenarios rusos, cuyas acciones en el norte de Malí podrían tener repercusiones en la frontera. El temor es que estos enfrentamientos puedan desbordarse y causar un incremento de los desplazados, creando así nuevas crisis humanitarias.

Un experto en temas del Sahel considera que el derribo del dron refleja un profundo rencor que existe desde hace tiempo entre los dos países. Aunque no cree que esta situación derive en un choque armado, sí sugiere que podría empeorar, aumentando la tensión en la región. En este sentido, Raouf Farrah, otro analista, sostiene que ambos países tendrían mucho que perder si la situación se escalara.

La falta de confianza es un obstáculo significativo para cualquier resolución. Según los analistas, para mejorar las relaciones, ambas partes necesitarán demostrar una voluntad real de diálogo. Una de las soluciones podría pasar por establecer una nueva arquitectura de seguridad regional que contemple las preocupaciones de Argelia sobre su frontera sur y las aspiraciones de Malí a actuar de manera independiente.

Para lograrlo, se requeriría una diplomacia innovadora, posiblemente de naturaleza informal en sus inicios. Algunos sugieren que Rusia, que goza de buenas relaciones con ambos países, podría facilitar algún tipo de mediación, aunque limitada en alcance. Sin embargo, la solución debe ser orquestada principalmente por los actores regionales.

La creciente tensión no es solo un problema diplomático, ya que los efectos colaterales pueden ser devastadores para la población local. En un contexto de desconfianza, un mayor enfrentamiento podría provocar un éxodo de personas y, en última instancia, un aumento de la inmigración hacia Europa, incluida España.

La situación comenzó a desmejorar de manera notable tras el anuncio de Malí, en enero de 2024, sobre la finalización del Acuerdo de Argel, diseñado para pacificar las tensiones con los grupos separatistas tuareg. Este anuncio fue acompañado de una serie de acusaciones mutuas entre los gobiernos de ambos países.

En la Asamblea General de la ONU en septiembre pasado, Malí acusó a Argelia de albergar a terroristas, citando el origen argelino de algunos de los grupos que operan en la actualidad en su territorio. Esta relación problemática se enreda aún más con la existencia de la organización terrorista al-Qaeda en el Magreb Islámico y sus conexiones con los conflictos internos de Malí.

El incidente del dron, que fue derribado en la frontera, evidenció la ambigüedad de las versiones presentadas por ambas partes. Mientras Argelia defendió su acción argumentando que el dron representaba una amenaza, Malí replicó que el aparato se había caído en su territorio, despertando aún más suspicacias.

En reacción a estos acontecimientos, la Alianza de Estados del Sahel (AES) ha convocado a sus embajadores en Argel, mientras que el Ministerio de Relaciones Exteriores de Argelia tomó medidas similares respecto a Malí. Ambos gobiernos parecen contemplar la posibilidad de un deterioro aún mayor en sus relaciones, lo que podría acentuar la inestabilidad en el Sahel.

La escalada de tensiones podría tener consecuencias profundas no solo para Malí y Argelia, sino también para toda la región. En este sentido, el impacto de esta crisis y su potencial para generar una nueva ola de desplazados es un tema que debe ser considerado con seriedad, ya que podría influir en flujos migratorios hacia Europa en el futuro cercano.