El 14 de noviembre, las autoridades libanesas han hecho eco de un nuevo ataque atribuido al Ejército de Israel en el sur de Líbano, el cual ha provocado al menos una herida. Sin embargo, las tropas israelíes han desestimado este hecho, acusando a Hezbolá, la milicia chií libanesa, de estar detrás de un "fallido intento de contrabando de armas".
El Ministerio de Sanidad de Líbano ha emitido un comunicado donde se señala que el ataque tuvo lugar en la localidad de Tul, situada en el distrito de Nabatiye. Este hecho ha suscitado una rápida respuesta mediática y política en la región.
Por su parte, el portavoz en árabe del Ejército israelí, Avichay Adraee, ha utilizado su cuenta en la red social X para rechazar las acusaciones. Afirmó que lo informado es completamente "falso" y sugirió que la explosión de un vehículo está vinculada a las actividades de Hezbolá, presentándolo como un "fracaso en su intento de contrabando de armas". Además, Adraee ha señalado que este grupo continúa violando los tratados de tregua establecidos en noviembre de 2022, poniendo en riesgo a la población civil de Líbano.
En una clara advertencia, Naim Qassem, secretario general de Hezbolá, indicó a inicios de esta semana que los ataques israelíes no pueden ser tolerados por mucho tiempo más. Reiteró la postura de su grupo respecto a la resistencia armada, argumentando que las autoridades israelíes intentan despojarlos de su capacidad disuasoria y control sobre el futuro del país.
A pesar de un alto el fuego declarado, Israel ha llevado a cabo numerosos bombardeos en territorio libanés, justificándolos como una respuesta a las actividades de Hezbolá y asegurando que no infringe el acuerdo de paz. Sin embargo, tanto el gobierno de Beirut como Hezbolá han criticado estas acciones, que también han recibido condenas de parte de la ONU.
El alto el fuego fue alcanzado tras varios meses de hostilidades, derivados de los ataques ocurridos el 7 de octubre de 2023, y estipulaba que tanto Israel como Hezbolá debían retirar sus fuerzas del sur de Líbano. No obstante, Israel ha mantenido algunos puestos de control en la frontera, lo que ha llevado a que las autoridades libanesas y Hezbolá exijan el cese de esta presencia militar en la región.
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