Crónica España.

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Cincuenta años del pacto de Madrid que entregó el Sáhara a cambio de promesas.

Cincuenta años del pacto de Madrid que entregó el Sáhara a cambio de promesas.

En un acontecimiento crucial en la historia reciente de España, el 14 de noviembre de 1975 se firmó en Madrid el famoso Acuerdo Tripartito entre España, Marruecos y Mauritania, lo que significó el comienzo de la descolonización del Sáhara Occidental. Este acuerdo se materializó solo días después de que el rey marroquí Hassán II proclamara el fin de la Marcha Verde, un movimiento que intensificó las tensiones sobre el futuro del territorio saharaui.

Este pacto estableció que España transferiría la administración del Sáhara Occidental a los dos países magrebíes, con un compromiso de retirada total de su presencia en el área antes de finales de febrero de 1976. En esencia, España renunció a su rol como potencia administradora, abandonando además su promesa a las Naciones Unidas de llevar a cabo un referéndum de autodeterminación que ya había sido postergado previamente debido a las reclamaciones de Marruecos.

La firma del documento fue realizada por Carlos Arias Navarro, entonces presidente del Gobierno español. En él se afirmaba la intención de descolonizar el territorio, delegando el futuro de la administración a las autoridades de Marruecos y Mauritania, en coordinación con la Yemáa, un órgano que había sido creado por España en 1967 para facilitar la gestión local.

El acuerdo contemplaba la designación de gobernadores propuestos por Marruecos y Mauritania para asistir al gobernador general del Sáhara, además de estipular que la retirada española se llevaría a cabo de manera definitiva en un plazo escaso, lo que generó gran controversia sobre la legitimidad de la consulta a la población saharaui, que nunca fue efectuada. Aún hoy, las demandas de autodeterminación de los saharauis siguen sin resolverse.

Pese a la aprobación del Acuerdo Tripartito, hubo disidencias dentro del propio Gobierno español. En un contexto donde el entonces Príncipe Juan Carlos asumía funciones de jefe de Estado ante la convalecencia de Franco, este acuerdo fue considerado poco satisfactorio por algunos miembros del gabinete. Documentos de inteligencia de la CIA revelaron que un alto funcionario español calificó la situación como un “mal acuerdo”, pero necesario para evitar un conflicto mayor.

Las preocupaciones por la reacción de Argelia, un aliado energético clave, marcaron la estrategia española, que prefirió asumir riesgos en su suministro de gas en vez de verse envuelta en una posible guerra en su antigua colonia. El informe de la CIA afirmaba que el resultado principal de este acuerdo favorecía al rey Hassán II, quien llevaba tiempo buscando la anexión de partes de esta colonia española.

Los pronósticos sobre la división del Sáhara Occidental quedaron reflejados en el mismo informe, que anticipaba una repartición del territorio: a Marruecos le sería otorgada la zona norte, rica en fosfatos, y a Mauritania el sur, donde abundan los recursos de mineral de hierro. Esta proyección eventualmente se concretó tras la salida de las autoridades españolas.

Por otra parte, el Acuerdo Tripartito vino acompañado de anexos, cuyo contenido se mantuvo en secreto por un tiempo y que abordaban cuestiones económicas del Sáhara. No fue hasta años después que algunos de estos detalles fueron revelados, mostrando que se otorgaban derechos pesqueros a un número significativo de barcos españoles, con un compromiso financiero adaptado a las circunstancias.

Después de la firma de este acuerdo, el Congreso aprobó la ley correspondiente que formalizaba la descolonización del Sáhara, justo el día que Franco falleció. Durante la exposición de la ley, el ministro de la Presidencia enfatizó que, a pesar de que el Sáhara era considerado parte de España, no estaba sometido a su soberanía ni formaba parte integral del territorio nacional, introduciendo un paralelismo entre la situación de los saharauis y la igualdad jurídica de los españoles.

La firma del Acuerdo Tripartito y la posterior legislación suscitó no solo reacciones diplomáticas, sino también un amplio debate interno sobre el legado español en el Sáhara y las implicaciones a largo plazo de esta decisión, que continua influyendo en la política regional hasta nuestros días.