En un giro significativo en la política energética, el Gobierno de Estados Unidos, bajo la dirección de Donald Trump, ha decidido paralizar las obras de cinco proyectos de energía eólica marina, entre los que se destaca el ambicioso 'Vineyard Wind 1'. Este proyecto, que es liderado por Avangrid, una subsidiaria de Iberdrola, junto a la danesa Copenhagen Infrastructure Partners, se encuentra en el centro del debate sobre la seguridad nacional y el desarrollo de energías renovables en el país.
El Departamento del Interior de Estados Unidos emitió una declaración anunciando la suspensión inmediata de todos los contratos de arrendamiento en proyectos de energía eólica 'offshore' en construcción, citando preocupaciones de seguridad nacional derivadas de informes clasificados del Departamento de Defensa. La decisión se fundamenta en la detección de riesgos que podrían comprometer la integridad de la nación.
Doug Burgum, secretario del Interior, enfatizó que la principal responsabilidad del gobierno es salvaguardar a la población estadounidense. Afirmó que la suspensión de los proyectos de energía eólica marina se realiza con el objetivo de mitigar los riesgos emergentes que presentan estas instalaciones, especialmente por su proximidad a las zonas pobladas de la costa Este. "La administración Trump se compromete a anteponer la seguridad del pueblo estadounidense", agregó.
Este alto en las obras proporcionará un periodo de reflexión para colaborar con los arrendatarios y autoridades estatales en la evaluación de posibles soluciones a las preocupaciones de seguridad planteadas por estos proyectos eólicos. La medida afecta no solo a 'Vineyard Wind 1', sino también a otros importantes desarrollos como 'Revolution Wind', 'Sunrise Wind', 'Coastal Virginia Offshore Wind' y 'Empire Wind 1', todos ellos en diversas fases de construcción.
'Vineyard Wind 1', la primera gran instalación eólica marina de Iberdrola en el país, se halla frente a las costas de Massachusetts. Con una capacidad de 806 megavatios, se prevé que este proyecto pueda abastecer de energía a más de 400,000 hogares y comercios de la región. La inversión total estimada en esta iniciativa alcanza los 3,000 millones de dólares, con la participación equitativa entre Iberdrola y CIP, respaldada por contratos con empresas eléctricas locales.
Vale la pena recordar que en septiembre, la administración de Trump había puesto en cuestión otros dos proyectos de Iberdrola, 'New England Wind 1' y '2', al revocar los permisos necesarios para su desarrollo. La serie de órdenes de suspensión y revisión de permisos de proyectos eólicos en alta mar ha sido una constante desde la llegada de la nueva administración.
Desde que asumió el cargo en enero, Trump ha impulsado medidas que frenen el avance de los contratos de concesión para energía eólica en las costas estadounidenses, al mismo tiempo que promovió una revisión exhaustiva de las políticas de arrendamiento de proyectos energéticos. Esto refleja un enfoque cauteloso hacia el desarrollo de fuentes de energía renovables, evaluando primero sus implicaciones para la seguridad nacional.
Para Iberdrola, Estados Unidos representa un mercado clave en su plan estratégico que se extiende hasta 2028, con una inversión proyectada de más de 16,000 millones de euros. La compañía planea focalizar recursos en la modernización de la infraestructura eléctrica y de gas, especialmente enfocándose en sus servicios en Nueva York y Nueva Inglaterra, donde atiende a millones de clientes.
Con más de 10.5 gigavatios de capacidad de generación y operaciones expandidas en varios estados, Avangrid sigue siendo un jugador crucial en el sector energético estadounidense, proveyendo servicios a más de seis millones de hogares y empresas. La situación actual, sin embargo, plantea interrogantes sobre el futuro de las energías renovables en el país y el balance necesario entre desarrollo energético y seguridad nacional.
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