Noruega niega vínculos de corrupción en Exteriores ligados a Epstein
El primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, ha asegurado que no existió amiguismo ni corrupción en el Ministerio de Asuntos Exteriores durante su gestión, en medio de una investigación sobre fondos públicos a un instituto vinculado a Jeffrey Epstein.
El Ministerio de Exteriores, en el período 2005-2012, colaboró con el Instituto Internacional de la Paz, dirigido por Terje Rod-Larsen, implicado en las donaciones recibidas del financiero estadounidense Epstein. La controversia ha centrado la atención en posibles irregularidades y en la influencia del multimillonario en decisiones noruegas, aunque Støre ha negado cualquier influencia en la política exterior o en el uso de fondos públicos.
La investigación revela que Noruega destinó 116 millones de euros al Instituto Internacional de la Paz, en un contexto donde se cuestiona la gestión de esas ayudas y los vínculos de algunos actores con Epstein. La polémica también ha puesto en entredicho a Rod-Larsen y su esposa, bajo investigación por donaciones y negocios relacionados con Epstein.
Desde el Gobierno noruego, se defiende la transparencia y el correcto funcionamiento de los controles en la asignación de fondos. Sin embargo, la polémica ha puesto en duda los mecanismos de supervisión y las relaciones personales dentro del aparato diplomático noruego, en un momento en que la política exterior del país se mantiene en un perfil de cautela y prudencia.
El contexto político en Noruega refleja una mayor preocupación por la integridad institucional y la transparencia en la gestión pública. La oposición ha pedido mayor claridad sobre las evaluaciones de los fondos y las conexiones de los implicados, mientras que la administración actual insiste en la buena gestión y en la independencia de las instituciones.
De cara al futuro, la investigación podría tener implicaciones para la política noruega, en particular en la revisión de los mecanismos de control y en la percepción internacional del país. La relevancia de estos hechos trasciende el ámbito diplomático, afectando la confianza en las instituciones y en la gestión de fondos públicos en un contexto global de mayor vigilancia sobre la ética en la política.