En la jornada del 10 de enero, Groenlandia se encuentra en el centro de un conflicto diplomático que pone en duda su soberanía. Tanto el Gobierno local como los partidos políticos han expresado su firme descontento ante las insinuaciones del presidente estadounidense, Donald Trump, sobre la posibilidad de adquirir la isla, señalando la actitud desconsiderada que han mostrado desde Estados Unidos.
El primer ministro Jens Frederik Nielsen, líder del partido Demócrata, junto a los mandatarios de otras formaciones políticas, incluido el partido Naleraq, que cuenta con representación en el Parlamento groenlandés, han dejado claro que ningún país ajeno tiene derecho a decidir el futuro de Groenlandia. Según ellos, el destino de la isla debe ser determinado exclusivamente por su población.
Con el objetivo de abordar la crisis actual, los partidos han solicitado una sesión de emergencia en el Parlamento. La intención es establecer un debate constructivo y unificado bajo circunstancias que consideran extraordinarias, con el fin de proteger los derechos y los intereses del pueblo groenlandés.
Por otro lado, Trump se ha pronunciado públicamente, asegurando que su Administración planea tomar medidas respecto a Groenlandia, ya sea a través de métodos amistosos o acciones más contundentes. Su retórica sugiere una determinación para actuar, argumentando razones de seguridad nacional, aludiendo a la amenaza que representan potencias como Rusia y China en la región.
Durante una reciente reunión con directivos de empresas petroleras, Trump declaró: "Estamos decididos a actuar en relación a Groenlandia, les guste o no. La situación es clara; si no tomamos la iniciativa, podríamos encontrarnos con Rusia o China como nuestros vecinos. Buscamos un entendimiento, por las buenas, pero si es necesario lo haremos por las malas".
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