En Madrid, el 22 de enero, se ha revelado un parámetro inquietante sobre la vida útil de los vehículos: la mayoría no llegan a agotarse en la carretera, sino que terminan en el desguace. Esta situación, contraria a las creencias populares, no se debe a un destino desafortunado ni a una estrategia de obsolescencia, sino a una serie de errores comunes que los conductores cometen sin notarlo.
Los descuidos en la conducción y el mantenimiento del automóvil pueden llevar a desgastes serios y reparaciones costosas. Al corregir estas prácticas nocivas no solo se extiende la vida del vehículo, sino que también se incrementa la seguridad en la carretera y se ahorra dinero a largo plazo, una ventaja que todos los conductores deberían tener en cuenta.
Con el fin de abordar estos hábitos perjudiciales, los expertos de Alquiber, una compañía que se especializa en el alquiler de vehículos a través de renting flexible, han señalado las conductas más dañinas para los automóviles. Entre sus observaciones, destacan que las fallas más serias suelen concentrarse en tres áreas fundamentales: el motor, el embrague y la transmisión.
Uno de los errores recurrentes es conducir el automóvil a bajas revoluciones. Usar marchas largas mientras se acelera de forma intensa puede sobrecargar el motor, lo que afecta sus componentes internos y acorta su vida útil. Es fundamental mantener un equilibrio adecuado en el uso del motor.
En contraste, llevar el motor a altas revoluciones es igualmente perjudicial. Los especialistas aconsejan no forzar el régimen máximo, sugiriendo que lo ideal es no sobrepasar el 75% del límite del motor. Así, para un motor de gasolina con un máximo de 6.500 revoluciones, se recomienda quedarnos en unas 4.900, y para un diésel, alrededor de 3.500 si el máximo es de 5.000.
Otro error práctico es forzar al motor cuando todavía no ha alcanzado su temperatura óptima. La mecánica requiere que el motor esté caliente para funcionar correctamente. Si se acelera en frío, los componentes sufren, ya que el aceite no lubrica como debería. Sin embargo, los expertos advierten que el ralentí prolongado tampoco es la respuesta; un vehículo moderno no necesita más de 30 segundos de reposo antes de comenzar a andar. Lo ideal es iniciar la marcha con suavidad durante los primeros kilómetros.
La manera de acelerar también juega un rol crucial; hacerlo de manera brusca, en lugar de de forma gradual, no solo incomoda a los pasajeros, sino que desgasta prematuramente la transmisión del vehículo.
En términos de mantenimiento, otro error habitual es alargar en exceso el tiempo entre cambios de aceite. Desde Alquiber enfatizan que el aceite es esencial para el funcionamiento del motor y que los intervalos recomendados por los fabricantes suelen ser excesivamente largos. Cambiar el aceite con frecuencia es una inversión modesta que puede prevenir fallas significativas. Se sugiere cambiarlo cada 5.000 kilómetros si es mineral, y cada 8.000 a 11.000 kilómetros en el caso del sintético.
No llevar a cabo revisiones periódicas o descuidar la verificación de los niveles del vehículo puede resultar fatal para la salud del motor. Además, el embrague merece atención: no pisarlo completamente al cambiar de marcha puede conllevar a fallos en el sistema y desgaste anticipado.
Sin embargo, el abuso del embrague también tiene sus consecuencias. Usarlo como reposapiés o mantenerlo presionado en un semáforo, en vez de poner el coche en punto muerto, genera holguras indeseadas y puede provocar que patine. Los especialistas son enfáticos: el embrague solo debe ser utilizado durante los cambios de marcha.
Por último, la palanca de cambios no se libra de los usos incorrectos. Apoyar la mano continuamente sobre ella puede ejercer una presión innecesaria sobre su mecanismo y distraer la atención del conductor de la carretera. Cambiar de marcha de manera brusca o extremadamente delicada también es perjudicial para la dirección del vehículo, resultando en un desgaste que podría haberse evitado.
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