La inversión en defensa de Europa y Canadá roza el 4% del PIB, con avances hacia el 5%
Los países europeos y Canadá han incrementado su gasto en defensa, alcanzando aproximadamente el 4% de su PIB, en línea con los compromisos asumidos en la cumbre de La Haya de 2022. Este avance representa un aumento cercano al 20% en gasto militar en comparación con el año anterior, sumando una inversión adicional de 258.000 millones de dólares entre 2025 y 2026.
Este esfuerzo responde a una estrategia de la OTAN para reforzar la disuasión y modernizar sus capacidades militares, en un contexto de creciente tensión geopolítica, particularmente frente a Rusia y en apoyo a Ucrania. La tendencia indica que Europa y Canadá buscan equiparar su gasto en defensa con el de Estados Unidos, que lidera la Alianza en inversión y liderazgo operativo.
El incremento en inversión no solo busca fortalecer la seguridad, sino que también tiene implicaciones económicas, promoviendo la producción industrial y generando cientos de miles de empleos en ambos continentes. La colaboración industrial entre EE. UU. y Europa se considera clave para reducir la fragmentación y mejorar la eficiencia en la adquisición de tecnología militar.
En el plano político, estas cifras reflejan un cambio en la mentalidad de los países europeos, que asumen un papel más activo en la defensa colectiva y en el liderazgo dentro de la OTAN. La cumbre en Ankara será un momento clave para definir pasos concretos hacia la meta del 5% del PIB en gasto en defensa, además de consolidar el compromiso político y estratégico.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, anunció que la organización realizará contratos por decenas de miles de millones de euros para adquirir equipamiento avanzado, fortaleciendo la disuasión y la capacidad de respuesta ante amenazas. La inversión en capacidades militares se enmarca en una visión de largo plazo, que prioriza tanto la seguridad como el crecimiento económico y la innovación industrial.
De cara al futuro, se espera que estos avances en gasto y cooperación industrial permitan a la OTAN afrontar nuevos desafíos en un escenario internacional cada vez más complejo, consolidando a Europa como actor estratégico en defensa y reforzando la unidad de la alianza frente a amenazas externas.