Qué hay detrás de la persistente amenaza de Al Qaeda 25 años tras el 11-S
Veinticinco años después del 11 de septiembre de 2001, Al Qaeda sigue siendo una organización activa, con una fuerza estimada entre 15.000 y 28.000 combatientes en todo el mundo. Aunque ha perdido a sus líderes fundadores, mantiene filiales en África y otras regiones, lo que evidencia su resiliencia y capacidad de adaptación.
El contexto político ha cambiado considerablemente. Estados Unidos y sus aliados redujeron el foco en Al Qaeda tras las operaciones en Afganistán y la muerte de Bin Laden en 2011. Sin embargo, la organización ha dispersado sus redes y fortalecido sus filiales, especialmente en África Subsahariana, donde operan grupos como Al Shabaab y JNIM, responsables de numerosos ataques mortales en la región.
Estas filiales no solo representan una amenaza regional, sino que también tienen potencial para convertirse en actores transnacionales. La coordinación entre ellas y la circulación de fondos, como el rescate de 15 millones de dólares en Malí, incrementan la peligrosidad y la capacidad de respuesta del grupo. La amenaza, por tanto, no debe subestimarse, pese a la disminución del foco mediático y político.
El liderazgo actual de Al Qaeda, bajo Saif al Adel, en Irán o posiblemente en Afganistán, refleja una estrategia de descentralización. La estructura en pequeñas unidades permite una mayor resiliencia y capacidad de supervivencia ante las operaciones de inteligencia. La presencia en países con gobiernos complicados facilita el mantenimiento de la organización y sus operaciones.
A nivel internacional, expertos advierten que la atención política y los recursos destinados a la lucha antiterrorista han disminuido en los últimos años, concentrándose en otras amenazas como China o el narcotráfico. Esto puede facilitar que Al Qaeda y sus filiales actúen con mayor margen de maniobra y sorprendan en el futuro cercano.
El escenario futuro requiere un enfoque integral y sostenido. La historia del 11-S muestra que la amenaza puede reaparecer con fuerza si las señales no se detectan a tiempo. La comunidad internacional debe mantener la vigilancia y la cooperación para evitar que la organización resurja o se vuelva más transnacional.