En la capital española, el 3 de febrero, se presenta un panorama preocupante para los compradores de coches usados. Según un informe de CarVertical, una empresa referente en el análisis del sector automotriz, se prevé que los precios de estos vehículos se mantendrán elevados hasta 2026. Esta tendencia se encuentra profundamente influenciada por la crisis global de los microchips y la persistente escasez de automóviles seminuevos. A pesar de ello, los coches eléctricos parecen estar menos afectados por este fenómeno.
El estudio de CarVertical destaca que la raíz del problema se remonta a la pandemia, cuando los cierres temporales de fábricas y la crisis de los microchips formaron un cóctel perfecto que redujo la producción de vehículos a nivel mundial. Esta situación ha generado que el mercado de coches de segunda mano enfrente una creciente escasez de modelos disponibles, lo que, a su vez, mantiene los precios en niveles altos.
Matas Buzelis, experto de la firma, señala que los automóviles de entre tres y seis años ya no experimentan la rápida depreciación que solían tener en el pasado. "Los precios en el mercado de vehículos usados se sostienen y no hay indicios claros de que esto cambiará a corto plazo”, asegura Buzelis.
Sin embargo, la oferta de vehículos eléctricos de segunda mano comienza a experimentar un crecimiento constante, una tendencia que según se anticipa, se acelerará para 2026. Desde 2020, el aumento en la producción de modelos eléctricos está comenzando a cambiar la dinámica del mercado de coches usados y, con ello, se espera una eventual disminución en los precios.
"La cantidad de coches eléctricos que llegan al mercado de segunda mano aumentará con el tiempo, haciendo que estos sean cada vez más asequibles para los consumidores", agrega Buzelis, quien también menciona que la entrada de fabricantes chinos en esta categoría está contribuyendo a la contención de precios.
Sin embargo, Buzelis advierte que es aún prematuro juzgar la aceptación de los modelos eléctricos chinos. Muchos de estos vehículos tienden a devaluarse más rápidamente en comparación con sus homólogos europeos establecidos. Esta rápida depreciación podría llevar a los compradores a reconsiderar sus opciones, lo que generaría un impacto en la preferencia por marcas consagradas frente a emergentes en el sector de los coches eléctricos.
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