La reducción del desplazamiento forzoso en 2025, ¿una tendencia global duradera?
En 2025, el número de personas desplazadas forzosamente en el mundo disminuyó por primera vez en una década, situándose en 68,6 millones, un descenso del 7% respecto a 2024. La cifra total de desplazados fue de 117,8 millones, reflejando cambios en los retornos y en las crisis prolongadas en países como Afganistán, Siria y RDC. Este descenso coincide con una disminución en las llegadas de refugiados por programas de reasentamiento y un aumento en los retornos espontáneos y forzados.
El informe de ACNUR destaca que, a pesar de la reducción, siete de cada diez refugiados permanecen en desplazamiento prolongado, en condiciones de vulnerabilidad y pobreza. La situación en países con conflictos abiertos, como Líbano e Irán, ha agravado las dificultades para la protección y la reintegración. Los recientes conflictos en Oriente Próximo, en particular la escalada en Irán e Israel, han incrementado el desplazamiento interno y externo en la región, complicando aún más la situación humanitaria.
Este descenso en las cifras globales responde a un contexto político marcado por el intento de estabilización en algunos focos de crisis y cambios en las políticas de reasentamiento, especialmente en Estados Unidos. Sin embargo, la tendencia puede revertirse fácilmente ante nuevos conflictos o crisis humanitarias, lo que mantiene la incertidumbre a medio plazo. La comunidad internacional enfrenta el reto de ofrecer soluciones duraderas y reducir la dependencia de ayuda humanitaria.
ACNUR aboga por un cambio de paradigma que priorice la autosuficiencia y las soluciones duraderas, incluyendo el retorno voluntario y la integración en los países de acogida. La propuesta pasa por ampliar las oportunidades de reasentamiento, facilitar permisos de trabajo y promover la inclusión social y económica de los refugiados. La cooperación internacional será clave para evitar que el desplazamiento prolongado siga siendo una condición de por vida para millones de personas.
El futuro del desplazamiento forzoso dependerá en gran medida de la resolución de conflictos y de la capacidad de los países para ofrecer vías seguras y dignas de retorno. La tendencia a la baja en 2025 podría ser un alivio temporal si no se abordan las causas estructurales de las desplazamientos. La comunidad internacional deberá redoblar esfuerzos para garantizar soluciones sostenibles y proteger los derechos de las personas desplazadas, evitando que la crisis se convierta en una situación crónica.