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Sanidad 20 de Junio de 2026 · 10:43h 2 min de lectura

La ONU denuncia que la falta de voluntad política impide acabar con el hambre mundial

La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) afirma que la voluntad política es la principal barrera para erradicar el hambre, las enfermedades y el desplazamiento en el mundo. Aunque existen recursos económicos suficientes, la ayuda humanitaria ha disminuido en los últimos años debido a la reducción de fondos por parte de los países.

El secretario general adjunto de la ONU, Tom Fletcher, señala que con la misma capacidad económica que permite crear millonarios, se podría evitar el sufrimiento de millones. La organización calcula que con solo un 5% del gasto en refrescos o la mitad de los bonos de Wall Street, se podrían financiar las necesidades básicas de los más vulnerables. Sin embargo, la solidaridad internacional no está a la altura de las crisis emergentes.

La disminución de fondos de ayuda ha obligado a priorizar a los beneficiarios, dejando sin asistencia a decenas de millones. Este año, la ONU solicitó 33.600 millones de dólares para atender a 135 millones de personas en situaciones críticas. Hasta ahora, se ha logrado llegar a 24 millones, pero la demanda sigue superando los recursos disponibles, lo que preocupa a los responsables humanitarios.

La situación se agrava por la tendencia a que las crisis no ocurren de forma aislada. Conflictos, efectos del cambio climático y crisis económicas se combinan, generando efectos dominó que pueden extenderse más allá de las fronteras nacionales y convertirse en emergencias globales. La prevención y la acción temprana son claves para reducir estos riesgos.

Desde una perspectiva política, estas dificultades reflejan las limitaciones en la voluntad de los Estados y la falta de coordinación internacional efectiva. La cooperación global y las decisiones políticas en los niveles más altos son fundamentales para movilizar recursos y priorizar la ayuda humanitaria en los presupuestos nacionales.

Mirando hacia el futuro, la amenaza de crisis múltiples y simultáneas exige una estrategia de inversión en prevención y diplomacia. El objetivo debe ser anticiparse a las emergencias antes de que se agraven, fortaleciendo la cooperación internacional y la responsabilidad compartida, para evitar que la indiferencia tenga un coste humanitario y estratégico muy alto.

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