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Cultura 27 de Marzo de 2026 · 10:41h 6 min de lectura

Fernando Jáuregui lanza 'Quemados': "Sería alarmante si se perdiera a Leonor I, símbolo de futuro y continuidad".

En Madrid, el periodista y autor Fernando Jáuregui lanza su nuevo ensayo titulado 'Quemados', publicado por Almazura. A través de este trabajo, muestra su preocupación por el estado actual de la sociedad española, describiendo una "quemazón" tanto literal como metafórica que abarca múltiples dimensiones. Jáuregui expresa su alarma respecto a la posible pérdida de Leonor, la Princesa de Asturias, a quien ve como un símbolo de esperanza y continuidad para las futuras generaciones. A su juicio, el país está dejando a los jóvenes en un entorno "mal pavimentado" y más enfocado en las luchas políticas inmediatas que en los verdaderos desafíos que enfrentarán en 2050.

El autor también refleja sobre el impacto que la reciente situación política ha tenido en los jóvenes, señalando un alarmante 30% que considera que Franco era una figura admirable. Este fenómeno, que califica de "disparate", requiere una respuesta pedagógica que trascienda meros homenajes a la democracia, los cuales, según él, resultan poco efectivos. Jáuregui critica la falta de ejemplos positivos entre los líderes de hoy, planteando la pregunta de cómo se puede inspirar a una juventud desconectada.

El libro, a su vez, tiene su origen en una experiencia personal dolorosa: el incendio que devoró su hogar en la urbanización de Viñuelas, en Madrid, el pasado verano. Mientras estaba ausente, el fuego destruyó un jardín maduro y diversas propiedades, dejando una huella de desolación que le lleva a cuestionar la narrativa de recuperación que tanto repiten las autoridades. Para él, el proceso de restauración es emblemático de un problema más amplio, donde muchos vecinos todavía sufren repercusiones sin el apoyo que merecen.

Jáuregui critica la respuesta gubernamental ante desastres naturales, señalando que en el último verano se quemó cerca del 1% del territorio español, poniendo en jaque a las zonas rurales. En lugar de asumir la responsabilidad, las instituciones se dedicaron a culparse mutuamente, dejando a más de 50.000 personas en una situación crítica. Según él, la única ayuda recibida del gobierno local ha sido algo tan trivial como plantas que aún no ha podido utilizar debido a las obras en su propiedad.

Respecto al cambio climático, Jáuregui mantiene que su percepción sigue siendo la misma: es un problema real que intensifica los incendios y obliga a la migración hacia climas más favorables. En este sentido, expresa que un verano con incendios como el anterior sería inasumible.

Al analizar la situación política, el autor sostiene que España es, de alguna manera, un país "quemado". Detecta una ciudadanía que parece ali­enada, atrapada entre el ocio y el descontento, y señala que la falta de autenticidad por parte de los poderes públicos alimenta una cultura de desconfianza. Denuncia cómo las mentiras institucionales y la desinformación se han vuelto un fenómeno cotidiano, lo que contribuye a un sistema de asistencia que no opera como debería.

El semblante de indignación que observamos en la juventud actual, según Jáuregui, tiene reminiscencias del 15M, un movimiento que vivió de cerca, recordando la energía y creatividad de aquellos días, pero también señalando que la falta de un liderazgo ejemplar ha llevado a que ese impulso se disuelva. Aun así, argumenta que hoy existen "más motivos para estar indignados" y advierte que esta frustración puede transformarse en acción en cualquier momento.

No obstante, el autor expresa su inquietud de que una posible revuelta social sea aprovechada por la extrema derecha, en lugar de la izquierda, como sucedió en el pasado. Por ello, clama por un cambio de mentalidad más que por "revoluciones de contenedor quemado", enfatizando la necesidad de una regeneración de la democracia que incluya límites de mandatos y colaboración entre el gobierno y la oposición en asuntos críticos, distanciándose de lo que él describe como "política testicular".

Las expectativas de Jáuregui también se extienden al papel del ideario político, lamentando la desaparición del centro y la falta de opciones moderadas que faciliten acuerdos transversales. Considera fundamental que resurja este espacio político para obligar tanto al PSOE como al PP a dialogar sobre decisiones cruciales en lugar de perpetuar un antagonismo estéril.

El autor aboga por un voto "crítico y reflexivo" en contraposición al "voto del cabreo", enfatizando que la ciudadanía debe guiar a los líderes hacia sus verdaderos intereses. También subraya la importancia de una sociedad civil activa que proteste de manera organizada, en lugar de limitándose a diálogos superficiales en encuentros informales.

En cuanto a la política internacional, critica a figuras como el ex-presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a quien describe como un "pirómano" que actúa en su propio beneficio. Sin embargo, evita hacer comparaciones injustas con el primer mandatario español, Pedro Sánchez, a quien describe como un "constructor de muros", sugiriendo que esta es la última cosa de la que España necesita actualmente.

De cara a la próxima visita del Papa a España, Jáuregui pide al Pontífice que actúe con coraje frente a las injusticias sociales y las desigualdades presentes en el país. Aspira a que su visita no sea únicamente simbólica, sino que sirva como un llamado a la acción ética y moral, esperando que no resulte cómoda para nadie en absoluto.

Finalmente, el periodista lamenta que las nuevas generaciones de periodistas se vean absorbidas por las redes sociales, que a menudo priorizan lo trivial sobre lo relevante. Sin embargo, alaba la labor de aquellos que siguen comprometidos con el periodismo de investigación, enfrentando riesgos por exponer verdades incómodas.

El cierre del libro incluye un decálogo que busca prevenir "incendios, incendiarios y otras calamidades", señalando que cualquier mejora en la democracia española sería "estupendo". Insiste en que debemos actuar antes de que el "calor" se convierta en un incendio real, refiriéndose no solo a desastres naturales, sino también a la degeneración moral de quienes están al mando. Con un tono de desafío, sugiere que puede presentarse a las próximas elecciones municipales en su localidad, lo cual sería una declaración audaz en su trayectoria.

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