Expertos alertan sobre efectos duraderos de la guerra en Irán en salud y medio ambiente
En Madrid, el pasado 25 de marzo, una reunión de expertos puso en la mira las repercusiones ambientales y de salud generadas por el conflicto en Irán. Según un informe del 'Climate and Community Institute', en apenas dos semanas de combate, se han liberado al aire cinco millones de toneladas de dióxido de carbono, una cifra alarmante que no debe ser ignorada.
Fernando Valladares, director del Grupo Ecología y Cambio Global del Museo Nacional de Ciencias Naturales, enfatizó la preocupación por el legado que esta guerra podría dejar en el medioambiente, asegurando que estos efectos pueden perdurar durante décadas, si no siglos. Su intervención tuvo lugar en un acto titulado 'La guerra de Irán: el legado tóxico y la amenaza nuclear', donde también participó el Premio Nobel de la Paz, Carlos Umaña.
Valladares destacó que los daños provocados en la atmósfera son principalmente atribuibles a las explosiones y al uso de combustibles fósiles para el despliegue de tropas, con un pequeño porcentaje proveniente de actividades de transporte. Afirmó que la guerra en un lugar tan remoto como Irán debería ser de interés para los ciudadanos de España, especialmente dado el papel que juegan naciones como Estados Unidos e Israel en el conflicto.
Según su análisis, las consecuencias de esta guerra no se limitan a la región, sino que pueden repercutir en el bienestar cotidiano de la población global. Resaltó el impacto inmediato que este conflicto tiene sobre los habitantes locales, haciendo mención de fenómenos inquietantes como la lluvia negra, una mezcla tóxica que resulta de los compuestos químicos generados por el conflicto.
El experto también mencionó sustancias peligrosas como TNT y otros químicos que, lamentablemente, hallan su camino hasta los acuíferos, lo que podría aumentar el riesgo de enfermedades graves entre la población. Además, subrayó que Irán es un país que ya de por sí enfrenta problemas de sequía, complicando aún más la situación.
Valladares reveló que la guerra está afectando gravemente el acceso al agua de aproximadamente 100 millones de personas, ya que dependen de un sistema de 450 plantas desalinizadoras, las cuales están siendo amenazadas por el conflicto armado. Expresó su preocupación por la contaminación que afecta al agua de mar, asegurando que aunque la desalinizadora puede quitar la sal, no puede eliminar los residuos tóxicos generados por la guerra.
Además, el director del MNCN-CSIC resaltó que la crisis climática y la amenaza nuclear son temas que muchos ciudadanos consideran lejanos, a pesar de que representan un peligro inminente para la civilización actual. Afirmó que algunos gobiernos, como el de Francia, ya están tomando medidas para prepararse ante escenarios de calentamiento global extremo, en contraste con otras naciones que se mantienen en una postura más apática.
Por otro lado, Carlos Umaña alertó sobre la falta de estrategia en la guerra de Irán y la precariedad del derecho internacional en este contexto. Se refirió a la expansiva posibilidad de una escalada nuclear, que podría romper las barreras que se han mantenido hasta ahora en torno al uso de armas atómicas. En un tono alarmante, mencionó que el 'Reloj del Apocalipsis' ya indica que estamos muy cerca de una catástrofe global, con solo 85 segundos restantes teóricamente hasta la crisis.
Por último, se recordó que, en la actualidad, existen más de 12,000 ojivas nucleares en el mundo, distribuidas entre nueve naciones. Muchas de estas armas son significativamente más potentes que las utilizadas en Hiroshima y Nagasaki, lo que suscitó temores en torno a las devastadoras consecuencias para la humanidad y el entorno. En ese marco, Umaña hizo un llamado para que el gobierno español apoye el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares antes de la próxima reunión de países involucrados que está programada para noviembre de 2026.