El Pentágono niega crisis psicológica en el portaaviones Lincoln tras 200 días en despliegue
El Mando Central de Estados Unidos ha afirmado que la tripulación del portaaviones USS Abraham Lincoln no sufre una crisis psicológica colectiva, pese a las denuncias de familiares y las condiciones adversas a bordo. La nave ha estado en alta mar durante más de 200 días, inicialmente en el Pacífico y posteriormente en el Golfo Pérsico, en respuesta a la escalada tensions en la región.
El despliegue prolongado ha generado preocupaciones sobre la salud mental de la tripulación, con reportes de escasez de suministros básicos, contaminación del agua y problemas en la seguridad en cubierta. Sin embargo, las autoridades militares sostienen que la situación no alcanza niveles críticos y que la salud mental sigue siendo una prioridad. Un marinero cayó por la borda en agosto, incidente que está bajo investigación.
La disputa política en EE. UU. se ha intensificado, con el secretario de Defensa, Pete Hegseth, calificando las informaciones como distorsiones. La Administración ha activado planes para reemplazar el portaaviones, enviando el USS George Washington, actualmente en el Pacífico, para aliviar la carga en el Lincoln.
Desde la Casa Blanca, el presidente Donald Trump minimizó las preocupaciones, asegurando que el despliegue del Lincoln no es «ni remotamente suficiente». La visita del jefe del CENTCOM, almirante Brad Cooper, a bordo del buque, resaltó que, comparado con otros portaaviones, el Lincoln presenta el menor número de problemas de salud mental, aunque reconoció que la situación no es perfecta.
Este episodio refleja la complejidad de las decisiones militares en un contexto de tensiones internacionales crecientes, especialmente en un escenario donde la política interna y las prioridades de defensa se entrelazan. La percepción pública y las decisiones de liderazgo en Washington seguirán siendo clave en el manejo de la situación a futuro.
En un contexto más amplio, el despliegue de larga duración en el Golfo Pérsico responde a una estrategia de la Administración estadounidense para mostrar presencia militar en una región de alta tensión. La forma en que se gestionen estas condiciones influirá en la opinión pública y en las futuras decisiones de política exterior y de defensa de EE. UU.