• sbado 24 de septiembre del 2022
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Afganistán amontona retrocesos y faltas un año tras el retorno talibán al poder

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Al empeoramiento de los Derechos Humanos se aúna una grave crisis humanitaria

MADRID, 15 Ago.

El 15 de agosto de 2021, Afganistán retrasó sus relojes 20 años. Dos décadas tras su derrocamiento a manos de las tropas extranjeras encabezadas por Estados Unidos, los talibán recobraron el poder sin solamente oposición y también comenzaron un retroceso político y popular que la red social en todo el mundo no logró frenar ahora desde la distancia.

Estados Unidos y los talibán firmaron en el mes de febrero de 2020 en Doha (Qatar) el acuerdo que se encontraba llamado a terminar a la presencia militar extranjera en Afganistán, en razón de un plan de repliegue progresivo que acabó por quedar en papel mojado frente a unas instituciones políticas débiles y una insurgencia poco a poco más crecida.

Así, los talibán emprendieron una reconquista que, provincia tras provincia, acabó en la época de agosto de 2021 con la toma formal de Kabul y la huída del entonces presidente, Ashraf Ghani, dando pie por su parte a una apurada evacuación que dejó situaciones de pavor y caos en el campo de aviación en todo el mundo de la ciudad más importante.

Doce meses después, ningún país ha reconocido formalmente a los talibán como los mandatarios lícitos de Afganistán --en la primera etapa solo lo habían hecho Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Pakistán--, pero la necesidad de llegar a otros pactos, por poner un ejemplo para el envío de asistencia, ha abocado a la red social en todo el mundo a sostener contactos.

En el campo de aviación, ahora bajo la bandera del Emirato Islámico talibán, hay vuelos regulares hacia Dubái y también Islamabad, al paso que la visita en el mes de enero del año en curso de una delegación del nuevo régimen a Oslo, para sostener diálogos con otras partes --incluidos representantes de Estados Unidos-- puso de manifiesto hasta qué punto había cambiado el ámbito.

Todo ello a pesar de que los talibán solamente dieron muestras de adaptación política y prosiguen rigiendo con exactamente los mismos concretes y doctrinas que 20 años atrás. El régimen, teóricamente provisional, excluye a mujeres y integrantes de minorías mientras que reserva una nutrida presencia a líderes perseguidos por terroristas y integrantes de la vigorosa red Haqqani.

Persiste el miedo colectivo a que Afganistán se transforme nuevamente en un bastión para organizaciones terroristas puesto que, más allá de la confesa animadversión de los talibán con conjuntos como Estado Islámico --que trabaja bajo la filial de Provincia de Jorasán--, sí semejan insistir los nudos que en su día tejió con Al Qaeda el fallecido líder Mahmud Mansur.

No en balde, Ayman al Zawahiri, sustituto de Usama bin Laden adelante de Al Qaeda y en sitio desconocido a lo largo de años, murió este mes por un ataque estadounidense en un edificio del centro de Kabul, donde los investigadores coinciden en que no podría estar en ningún caso sin la connivencia o por lo menos el saber de la presente cúpula afgana.

Un informe anunciado en el mes de julio por la misión de la ONU en Afganistán puso asimismo en prueba el patrón de violaciones de los Derechos Humanos y que incluye toda clase de abusos, desde torturas a detenciones arbitrarias, pasando por ejecuciones extrajudiciales. Entre los primordiales objetivos de la opresión aparecen personas enlazadas a la administración depuesta y a sus fuerzas de seguridad, con cuando menos 160 homicidos comprobados.

Amnistía Internacional coincide en esta lectura y lamenta en su último informe que "toda promesa de cambio se haya desvanecido mientras que los talibán tratan de gobernar a través de la opresión y con total impunidad". La Fiscalía del Tribunal Penal Internacional (TPI) solicitó en el mes de septiembre de 2021 retomar sus pesquisas sobre Afganistán.

A nivel popular, las promesas de los talibán a lo largo de sus primeros días han caído en saco roto y no han dudado en publicar mensajes contra cualquier conducta que contravenga su visión de la 'sharia' o ley islámica, lo que perjudica a cuestiones como el ocio, la indumentaria o la educación, en especial en la situacion de las mujeres.

La segregación por sexos se convirtió en la regla en un país donde en este momento las pequeñas tienen vetada nuevamente la educación secundaria. Además, la recomendación general pasa por que las mujeres no salgan de casa si no es requisito y, de llevarlo a cabo, que sea en compañía de un varón y con casi todo su cuerpo cubierto.

Mariya, de 16 años, reclama en afirmaciones al Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF) su "derecho" a regresar a clase y terminar los tres años que le quedan en secundaria. "Ciertas de mis amigas y compañeras de clase padecen depresión", cuenta esta joven, que admite que con los talibán la diferencia entre géneros ha incrementado.

La situación humanitaria tampoco fué a mejor, hasta el punto de que se considera a la de Afganistán entre las mayores crisis en el mundo entero. La irrupción de los talibán ha supuesto que la cifra de personas con faltas humanitarias aumente en seis millones y represente ahora a cerca del 60 por ciento de la población.

La ONU calcula que 24,4 miles de individuos precisan asistencia, 12,9 millones de ellos pequeños. La familia de Arezzo, de siete meses y con desnutrición aguda grave, reconoce a UNICEF que estuvieron a puntito de darla en adopción en múltiples oportunidades frente a la imposibilidad de alimentarla.

Desde una clínica, entre las mamás enseña que en el momento en que asistió a este centro por vez primera su hija se encontraba "muy mal". "Tenía los ojos cerrados y no paraba de devolver. Después de unos días de régimen, ha abierto los ojos", enseña.

El 97 por ciento de los afganos viven en la pobreza y, para el común de las familias, el 90 por ciento de los capital va designado a nutrición --según datos de Naciones Unidas--, sin margen por consiguiente para imprevisibles ni excesos en un contexto marcado asimismo por los inconvenientes en el suministro y el incremento de los artículos básicos.

Siete de cada diez pequeños y mucho más de la mitad de las pequeñas ahora cambiaron la escuela por el trabajo, según una encuesta de World Vision en múltiples zonas. UNICEF cifra en el 13 por ciento la proporción de hogares que tienen cuando menos a uno de sus hijos haciendo un trabajo, al tiempo que el matrimonio infantil perjudica al 28 por ciento de las pequeñas y jovenes.

Todas las organizaciones coinciden en que son precisos mucho más fondos para calmar la urgencia. De los 4.400 millones de dólares americanos requeridos por la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) de Naciones Unidas, en su plan de asistencia humanitaria, solo se han colectado 1.800 millones, el 41 por ciento del total.